Año 2017 de nuestra era.
Tras nefastas acciones políticas de la Izmierda nuestra patria vive inmersa en una guerra civil. Todo lo que antaño fuese digno de amar en nuestra convulsa nación ha quedado reducido a cenizas, dejando paso a un nuevo periodo en nuestra ibérica historia: MAZP MAX
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14 de enero de 2008

Capítulo 19 - Dos hombres del MAZP

El soldado Psoeterrorista corría tanto como su pierna herida le permitía y esto, al parecer, no era suficiente para dejar atrás al enemigo progresista. Corría hacia el puesto de vigía como potro desbocado que no sabe a donde va, y sólo un impacto de bala certero lo pararía, que por otro lado, el mismo le rogaba a Dios que aquello no ocurriera y lograra sortear a la parca una vez más. Intentó la comunicación por radio de nuevo, pero no muy convencido de que alguien le fuera a contestar.

_Aquí Psoeterrorista, contesta Katzelian... _ No se oyeron más que los gritos de los progresoldados, sus pasos y los silbidos de las balas que llevaban ya unos minutos acompañándolo_ Tengo un jodido ejército a mis espaldas Katzelian, ¡si me matan juró que mi fantasma te atormentará de tal modo, que a mi lado el fantasma del padre de Hamlet parecería un muñeco de José Luis Moreno! ¡Katzelian!

Esta vez una bala pasó rozándole el rostro y fue a impactar contra el tronco de un abeto con lo que trozos y virutas de la corteza le salpicaron. La cosa se ponía fea de verdad. Esquivaba los delgados troncos de jóvenes pinos carrascos y abetos a la par que sentía el aliento del enemigo sobre su nuca, intentado divisar en el terreno que ya estaba cerca del puesto de montaña del MAZP. Y una vez allí qué... Sin su compañero en alerta lo más probable es que terminaran ambos con una bala entre ceja y ceja, no sin antes haberles propinado la oportuna tanda de preguntas aderezadas con unas cuántas ostias, y no precisamente de las que consagran. Y hablando de ostias, a nuestro amigo sólo le quedaba rezar y encomendarse a un santo. Estaba precisamente preguntándose cuál sería el santo más idóneo cuándo se golpeó la cabeza con una de las ramas que trataba de esquivar mientras corría, cayendo de espaldas en el mullido pero helado polvo blanco.

Tardó unos segundos en percatarse de dónde se encontraba, quién era, que hacía allí y por qué no tenía un BMW 320 _ como cada mañana de su vida_ y se dio cuenta de que se encontraba en el claro que precedía la entrada a la cabaña. Lo había conseguido. Había conseguido llegar a la cabaña con vida y... bueno... traer consigo a unos cincuenta progresoldados sedientos de sangre pero en fin, no seamos caprichosos: el que algo quiere algo le cuesta. Además, ¿no se quejaba su compañero de la monotonía de aquella cordillera?

_ Vas a flipar Katzelian..._ se dijo para sí mismo, mientras corría hacia la cabaña más cercana, la despensa, al tiempo que llamaba a su compañero por su nombre de pila_ ¡KAAAAAAAT! ¡Saca tu culo de dónde estes! ¡He venido con unos amigos!

De repente, entre los árboles salió un progresoldado que no parecía estar muy seguro de a donde había llegado. Psoeterrorista que aún sostenía su pistola en la mano derecha, apuntó tranquilamente a algún punto mortal de aquel desgraciado y tras el golpe de índice, el clon se derrumbó como un tronco sobre la nieve, tiñéndola de un rojo carmesí.

_ Katzelian, ¿donde huevos te metes? _ volvió a gritar pero su compañero no parecía estar allí. ¡Oh, santo Dios! ¿Y si los progresoldados ya habían estado allí mientras Psoeterrorista había estado fuera? ¿Y si habían capturado a Katzelian? O peor aún, ¿y si lo habían torturado obligándole a ver reposiciones del extinto programa de TV “La Noria”? ¿O un mix de los mejores discursos de Zapatero, una de las últimas suscripciones del diario EL PAÍS? Si había sucumbido ante semejantes malas artes no era de cobardes, ni débiles, era ante todo comprensible ya que hay que tener estómago para soportar eso.

En las pruebas psicológicas a las que eran sometidos los soldados del MAZP, una de ellas consistía en permanecer amordazado en un zulo acompañado de una televisión y un reproductor de video, la prueba consistía en permanecer el mayor tiempo posible viendo un video de índole giliprogre sin revelar la consigna que le entregaban a uno antes de comenzar dicha prueba, o peor aún antes de enloquecer. Los videos solían cambiar de una promoción a otra. En los últimos años el record en aquella prueba lo ostentaba un soldado que estuvo más de diez minutos enfrentándose a un video de Sonsóles interpretando la nana que Zapatero solía escuchar antes de que Pepiño Blanco lo arropase en su cama. Sin duda le encantaba... La nana, claro está o eso se cree... En fin, como decía este soldado logró permanecer, psicológicamente entero, durante algo más de diez minutos, y eso que el valiente era sordo. Sin duda sus ojos le jugaron una mala pasada ya que como reza el refrán: La carne de progre no es transparente. Finalmente dio no apto en las pruebas, ya que se volvió como una cabra, debido a los diez minutos en los que estuvo expuesto a la radiación de las carnes de Sonsoles. Los más viejos del lugar dicen que aquel pobre hombre regenta ahora la cantina del Cuartel General del MAZP _sito en Cartagena, Murcia_ dónde las malas lenguas aseguran que se cree el mismísimo Zapatero, alegando que es el salvador del pueblo ibérico, bailando al ritmo del himno de Riego, con coreografía propia... Pero bueno, ese es otro tema del que ya hablaremos en otro momento en el que no intenten matar a dos de nuestros soldados del MAZP.

Mientras Psoeterrorista cargaba su pistola guarecido detrás de la endeble, quejumbrosa y podrida valla de madera que acotaba el porche de la cabaña, varios progresoldados salieron de entre los árboles disparando ráfagas con sus rifles de asalto al tun tun. Se iban reagrupando en la nieve, acostados panza abajo y disparando a diestro y siniestro. Aún no habían localizado a Psoeterrorista pero ellos disparaban por si acaso le atinaban sin tener en cuenta el gasto de munición, porque así eran los progresoldados bobalicones, agresivos y sobretodo patanes.

Ya se contaba una docena de enemigos cuando Psoeterrorista agarró una granada de su cinto. La sujeto fuertemente en su mano, se la llevó a la boca para arrancar la anilla con los dientes, como en la películas de Rambo, pero los empastes se lo impidieron provocándole unos escalofríos tremendos al contacto con la anilla metálica.

_¡Ayyy! ¡Me cago en diez!_ Agarró la anilla con los dedos y, ahora sí, tiró con fuerza y sin contemplación.

La lanzó con todas sus fuerzas al núcleo de los desgraciados giliprogres. La detonación no se hizo esperar, cuatro de aquellos desvergonzados salieron volando por los aires, matándolos en el acto. La metralla alcanzó a los demás que se encontraban cerca de los muertos, que yacían sobre el terreno profiriendo alaridos mientras se agarraban distintas partes del cuerpo.

La jugada había salido a pedir de boca, pero ahora nuestro soldado había sido localizado y varios progresoldados se dirigían hacia él. Y empezó un nuevo tiroteo, ahora más igualado al saber ambas partes donde fijar el blanco, aunque por otro lado el soldado del MAZP seguía estando en minoría y se desangraba por momentos.

Había perdido mucha sangre y aunque era un tipo fuerte, las fuerzas empezaban a flaquear. Apoyado sobre su única pierna buena levantó el arma apuntando hacia sus perseguidores. Quiso fijar el blanco pero veía borroso y se mareaba. Disparó. Y falló...

_Upsss, algo me dice que estoy más muerto que los piojos del bigote de Garrido...

Y al soldado no le faltaba razón, había llegado hasta allí con vida perseguido por decenas de progresoldados, se había llevado por delante a bastantes, pero ahora estaba a punto de desangrarse, a penas veía y se tenía en pie, y era seguro que iba a morir acribillado a balazos. Un día completo, sin duda.

Volvió a disparar ya sin nisiquiera apuntar con precisión, disparaba hacia los progresoldados que cada vez se acercaban más, a una distancia de cincuenta o sesenta metros. Increíblemente antes de que se quedase sin balas consiguió herir a uno de ellos en la rodilla, que se quedo tumbado en la nieve agonizante. Entonces ocurrió todo muy despacio, como a cámara lenta. Uno de los que ya se encontraba más cerca, se paró en seco, sacó su pistola alzando su brazo, apuntando a la cabeza del soldado acorralado mientras esbozaba una sonrisa maliciosa.

Psoeterrorista oyó el disparo, pero no sintió dolor alguno. ¿Habría errado el tiro aquel inútil? Alzó la vista hacia su ejecutor, que permanecía inmóvil con la mirada fija en el infinito. Un hilillo de sangre asomó por la visera de su gorra, deslizándose por su frente. El cadáver cayó muy lentamente, quedando semienterrado en un montículo de nieve. Tras el disparo se oyó otro más y otro cuerpo más cayó, y luego otro, y seguidamente otro más. Un disparó, un cadáver. Sin duda se trataba de un francotirador.

Katzelian... _ susurró Psoeterrorista, sonriendo, antes de desmayarse.

17 de diciembre de 2007

Capítulo nº 18 - Frío, mucho frío...

El soldado Katzelian se limitó a moverse de manera estática para impedir la hipotermia, patología que suele acompañar al incauto que habita en zonas a veintitrés grados centígrados bajo cero. El soldado Katzelian como tantos otros se trataba del tipo de soldado que trabajaba por amor al arte, y si además, esto le permitía promocionar, mataba dos pájaros de un tiro. Tenía por costumbre aceptar las misiones que nadie quería ya por lo desagradables o por difíciles. Y no sólo aceptaba las que le ofrecían si no que además se presentaba voluntario a las que no le correspondían. Katzelian era solo un ejemplo de fallo burocrático del MAZP, esto sumado a que el soldado poseía el don de la prudencia, le impedía destacar entre los miles de soldados del clan.

Aquella noche hacía un frío distinto al habitual en el Pirineo catalán, soplaba una brisa gélida que helaba cualquier atisbo de calor humano. La zona de los Pirineos increíblemente había pertenecido a la fuerza MAZP antes, casi, del cataclismo. El acceso a la cordillera era tan abrupto y complicado que ningún regimiento de la R.P. había conseguido sortearlo, al menos ninguno con vida. Normalmente este destino lo otorgaban como castigo, solían concedérselos a aquellos soldados que tenían por hobby tocarle los huevos a algún oficial. No era el caso de Katzelian, que suplicó a su superior que lo destinara allí para poder curtirse como hombre del MAZP. Al oficial le parecía absurdo sufrir por sufrir pero admiraba el empeño del soldado, así que no tuvo más remedio que satisfacer sus deseos. Por otro lado, sí era el caso del soldado Psoeterrorista, que fue enviado a los Pirineos a cumplir penitencia por una falta que no reveló a su compañero en el mes y medio que llevaban allí atrincherados.

Los dos soldados no se llevaban muy bien entre ellos. El soldado Psoeterrorista se mostraba con actitud displicente ante el intento continuo de Katzelian por agradar, pero las conversaciones siempre terminaban mal. Normalmente éste último, Katzelian, acababa mandando a freír espárragos a su compañero.

_ Esta noche hace un frío especialmente desgarrador... _dejó caer Katzelian.

_ Si tú lo dices... _contestó su compañero sin ganas.

_ Hoy te toca a ti hacer la guardia por radio, no creo que haiga nada mas entretenido que hacer en este maldito lugar.

_ ¿Haiga? ¡Ohh, Dios mío! Pero, ¿quién te enseñó a hablar? Felicidades acabas de patear el diccionario de la extinta Real Academia Española, ¡tarugo!_Corrigió Psoeterrorista sin ningún tipo de tacto.

_ ¿Sabes una cosa? Llevo casi dos meses aquí contigo y siempre me has ocultado el motivo por el que te destinaron a este lugar. Creo que empiezo a sospecharlo: Eres un especialista en tocar los cojones._contraatacó Katzelian, tras lo que se retiró hacia la cabaña a largas zancadas.

Una vez hubo entrado Katzelian en la cabaña, su compañero dio una patada a un pequeño montículo de nieve maldiciendo su metedura de pata. Resopló en aquella helada noche de diciembre, y advirtió como su aliento se convertía en un denso humo que salía, pesado, de su boca. El tiempo volaba, en un par de semanas sería Navidad. Desde el cataclismo de hacía casi 11 años, no recordaba ninguna Navidad agradable o digna de la que acordarse. La mayoría de los hombre del MAZP tuvieron que elegir entre sus familias y el intentar restaurar la paz en nuestra patria. Una vez ingresabas en el clan, tu familia quedaba atrás, era un precio alto a pagar. Pero la cosa funcionaba al igual que una inversión o al menos es lo que todo demócrata trataba de abstraer. De todo este maldito trabajo se esperaba sacar algún rendimiento, un beneficio: la restauración de la libertad democrática, en definitiva.

Psoeterrorista, miró a su alrededor, intentando recobrar algún sentido a su oficio libertario, e intentando equilibrar su impotencia con lo agradable del paisaje. Si no fuera por el frío, lo cierto es que el lugar era francamente hermoso. Un manto blanco cubría el terreno por doquiera que uno posara la mirada. Decenas de abetos clavados con gracia, decoraban el paisaje de montaña como si el mismo Dios se hubiese detenido a pintar aquel lienzo con demostrada lucidez.

De repente algo llamó la atención del soldado del MAZP, algo que creyó vislumbrar entre los árboles interrumpió su paz. No lograba ver bien, pues lo que creía moverse entre lo profundo del bosque, se alejaba de la luz que escupían los enormes focos recogidos en los altos postes que circundaban el pequeño puesto de vigilancia de alta montaña del MAZP. No se lo pensó dos veces se colocó sus gafas de visión nocturna, cargó su pistola semiautomática y bajó por la escarpada yendo de abeto en abeto para cubrirse. Oyó pasos en la nieve unos metros mas adelante. Asomó la cabeza por la derecha del abeto con el que se cubría, y lo que sus ojos vieron lo dejaron aún más helado de lo que ya estaba. No eran menos de treinta, cuarenta o incluso cincuenta progresoldados. Varios de ellos portaban lo que parecía un frigorífico del tamaño de un ataúd. ¿Qué hacían aquí estos progresoldados y qué es eso tan importante que trasportan como para ser escoltado por tantos hombres? Esto se ponía feo por instantes. Psoeterroerista conectó su intercomunicador.

_ Katzelian, Katzelian... Aquí Psoeterrorista... Cambio _tras comunicarse con la voz más baja que puedo entonar, la única respuesta que alcanzó a oír fueron las interferencias y los residuos de eco-frecuencia. Volvió a intentarlo_ Katzelian, aquí Psoeterrorista... ¿Dónde cojones te has metido? Contesta maldita sea...

No había señal. Sigilosamente optó por acercarse más al batallón de giliprogres. Se puso de cuclillas y seguidamente se deslizo como una serpiente por el suelo helado, a los pocos segundos notó como se le helaban el abdomen y los muslos al contacto con la nieve, así que no tardó en temblar de frío. Lo que más temía era un encuentro fortuito con su peor enemiga: la hipotermia. Siguió bajando y se acomodó detrás de un tocón podrido y cubierto por la maleza. El grupo de progresoldados se detuvo en seco tras las órdenes de un oficial. Psoeterrorista creyó reconocerlo.

_Vaya, vaya... Si tenemos al mismísimo Cid rojo en persona. _ susurró en una voz a penas audible._ Tengo que fotografiar esto...
Con mucho cuidado sacó una cámara digital del bolsillo de su chaleco, y dirigió el zoom hacia el Cid Rojo. Las manos le temblaban convulsivamente y era incapaz de hacer una foto decente. Alargó el brazo hasta su pantorrilla y agarró su machete de combate. Lo clavo en el tocón a la altura que creyó conveniente y posó sobre la hoja del cuchillo la cámara. Gracias al punto de apoyo la cámara no volvió a temblarle en las manos. Ahora sí, enfocó bien la imagen de aquel oscuro oficial y lo fotografió varias veces. Después dirigió el aparato hasta la cámara frigorífica e hizo otras tantas más.

Cuando ya estaba por irse oyó un crujido tras su espalda, cuando fue a girar la cabeza. Oyo como alguien le quitaba el seguro a un fusil de asalto.

_ No te muevas maldito facha o te hago un agujero en la cabeza para que respires mejor. _ le dijo un progresoldado sin dejar de apuntarle con su rifle.

_ De acuerdo, no dispares, tranquilo_ al mismo tiempo que hablaba deslizó su mano agarrando el machete que se encotraba clavado en la madera muerta.

_Muy bien levántate, sin sorpresitas o te mato cerdo.

El soldado del MAZP comenzó a girarse hacia el giliprogre y con la velocidad de la centella y la precisión del que teme por su vida, lanzó su puñal al pecho del enemigo. El machete penetró tela y carne como si fuesen mantequilla.. El progresoldado se tambaleó intentando agarrarse el pecho a la vez que intentaba apuntar al hombre del MAZP.

Psoeterrorista esperó que se desplomase sin llegar a abrir fuego, para que no llamase la atención del resto del escuadrón situado unos pocos metros más abajo.

_Vamos cáete cerdo, vamos... _ el progresoldado sacó fuerzas de donde no las había y mientras escupía sangre por la boca, apunto a Psoeterrorista con una sola mano consiguiendo fijar el blanco._ ¡Mierda!_ maldijo a la vez que sacaba rapidamente su pistola para rematar al progresoldado.

El disparó fue certero. Le disparó en plena cabeza, con la mala suerte de que el progre soldado también se cobró su parte. El giliprogre había soltado una ráfaga acertándole de lleno en la pierna derecha. El ruido de los disparos alertó al batallón de progresoldados y en nanosegundos empezaron a oírse gritos de órdenes y pasos que se acercaban hacia la posición de nuestro hombre, que herido ya había echado a correr hacia el puesto de vigía.

11 de noviembre de 2007

Capítulo Décimoséptimo - SG-Fort-1

La incursión de nuestras tropas no podía ser más oportuna. Lo teníamos más que jodido pero una vez más la diosa fortuna partió una lanza en favor de nuestro clan. Si no hubiesen llegado a tiempo, ahora mismo, los que estábamos allí estaríamos pudriéndonos bajo tierra acompañados de nuestros amigos, los gusanos.

Pero para desgracia de la Marmoleja y sus patéticos acólitos el Cerrajero dirigía la que sería la última contra de la batalla, dándoles en la parte anal de las fuerzas giliprogres. Ruby, como era de esperar huyó en un jeep lo más rápido que sus piernas se lo permitían porque si fuese por sus manos mal le hubiese ido teniendo en cuenta que ahora una de ellas estaba mutilada por el certero ataque del cabo MMX Eagle. Muchos de nuestros compañeros incluso tuvieron bien en hacerle burla. Asumiendo que tras cercenarle el dedo, la presidenta, había anulado el 95% de su capacidad sexual.

La muy víbora abandonó a sus hombres, sin ni siquiera dar el toque de retirada, así que dejó a sus tropas allí con la consecuencia segura de su aniquilación total por las renovadas tropas del MAZP. ¿Para qué mentir? Era obvio que sus progresoldados eran cleanex, y no le importaba si morían o no. Pues bien era sabido que la R.P., practicaba la clonación y en un mes eran capaces de crear cientos de estos humanoides. Según las investigaciones que había llevado a cabo del agente especial Asomado, con el sobrenombre de “Operación Veodoble” y luego ampliadas por la brigada Chesk, bajo la supervisión del Coronel Espantapájaros, los clones eran imprimidos como fotocopias basándose en el código genético de dos personajes bien conocidos por el antiguo partido socialista. El contenido genético era combinado con el genoma de Pepiño Blanco y Diego López Garrido. Sin duda un mix explosivo extraído de estos antiguos dovermans del PSOE.

El contraataque fue rápido y eficaz, a penas duró unas horas. Las bajas del enemigo fueron cuantiosas, aproximadamente unos 6300 muertos, y unos 4800 prisioneros que serían encarcelados sin ser ejecutados. Nuestro clan no practicaba la pena de muerte no sólo por principios, sino porque no hacía falta. Los clones eran defectuosos. Entre otros muchos, tenían uno singular: Ninguno de ellos sobrevivía pasados los tres años de vida. De ahí la fría práctica de su presidenta de abandonarlos a su suerte. Aún seguimos desarrollando estudios sobre los clones, sobre su naturaleza y comportamiento.

Tras la batalla los oficiales de más alto rango se reunieron en la casa consistorial de la ciudad de Denia. El Cerrajero fue el primero en hablar.


_ Sobran las felicitaciones señores. Hoy hemos ganado pero ni mucho menos cambia la situación. He creído conveniente reunirles aquí para tratar sin más demora nuestros avances en la investigación secreta sobre la R.P. _ El Cerrajero hizo una pausa para tomar aire y prosiguió. _ Hace unos meses autorice al agente especial Asomado que se infiltrara en la R.P. para investigar sobre la nueva biotecnología progresista, inducida por las sospechas de nuestro agente de que traman un golpe importante. Anteayer perdimos el contacto con Asomado, no sin antes transmitirme una información de la cuál he quedado estupefacto al igual que ustedes cuando se la revele. Tiene que ver con el SG-Fort-1…



_ Oh, Dios mío_ sentenció un turbado presidente de la República guadalmecina.

_ ¿El SG-Fort-1?_ el teniente coronel Legionarius no daba crédito a lo que sus oídos acababan de percibir.



_ Eso es…_ empezó a pronunciar el coronel Zapataplus, siendo interrumpido de nuevo por el Cerrajero.



_ Sí sus señorías. Se trata de José María Aznar…

9 de noviembre de 2007

Capítulo Décimo Sexto - El espíritu de la Resistencia

El general Claudedeu se levantó como pudo y erguido miró, desafiante, a sus sorprendidos enemigos, tras lo que comenzó a enunciar el discurso que años más tarde sería fundamental en la historia de la España.

"No son pocas las veces en las que el débil consigue levantar la cabeza ante su verdugo, no lo son. Cuando los débiles dan la vida entregándose a la causa de la libertad el sol parece tejer su manto de una luz distinta. Sólo unos pocos valientes se enfrentan a la muerte mirándola, displicentes, a los ojos. A unos ojos sin párpados, tintados de feroces llamas que parecen consumir caprichosamente toda alma. Sólo unos pocos valientes, decía, son capaces de arremeter con fuerza hacia tan ruinoso destino.

Y es esa lucha tanto interna como de cara al gentío, lo que marca la diferencia, lo que permite cambiar las tornas con la fuerza de un guiño. Fueron las gentes de nuestro clan, del MAZP, las que desde la hecatombe nacional consiguieron, en minoría, plantar cara al enemigo. Esto costó y cuesta muchas vidas. No somos ángeles pero como hombres de honor defenderemos nuestra patria con la fuerza de nuestros corazones y a golpe de maza. Quizá estemos condenados pero si esto sirve para que algún día nuestros hijos gocen de la libertad que hoy carecemos que así sea, pues aquel que no tiene patria es huérfano de padre y madre, no tiene orígenes y en definitiva no es un hombre. Seríamos muertos penitentes carentes de vida, de historia.

La Resistencia es sólo una masa de hombres que luchan por recuperar la libertad, y no escatimará en verter la sangre del que ose destruir nuestro cometido. No habrá piedad para quienes atenten contra nuestro pueblo, porque somos hijos de España, y como tales, lucharemos hasta la victoria o hasta que la muerte nos lleve.

¡Temblad giliprogres! ¡Temblad os digo!"

21 de septiembre de 2007

CAPÍTULO DÉCIMOQUINTO - La batalla final (v)

Ruby apuntaba a aquel hombre con su pistola. Claudedeu de cuclillas levantó la cabeza, mirándola con sus hinchados y amoratados ojos, sin ningún síntoma de debilidad mental. Se reincorporó como pudo, si tenía que morir no lo haría desde el suelo, se enfrentaría a la misma muerte mirándola directamente a los ojos.

_ Hay que reconocer que tienes cojones... ¿Pero sabes unas cosa? Eso no te salvará, saluda a Franco de mi parte maldito...

Apuntó con su arma a la cabeza de aquel héroe perdido, que vencido de forma ultrajante, no aparentaba tener el más mínimo ápice de miedo. No habría suplicas por su parte. Que la historia lo recordase sería solo cuestión de un único disparo en pleno cráneo.

Ruby a penas tubo que apuntar, era difícil errar un tiro si entre tu arma y la víctima a penas distan medio metro. Deslizó el dedo sobre el gatillo, sonrío antes de disparar y...

Un grito. Un OVNI, en el sentido estricto del término, de pequeño tamaño, sobrevoló la zona donde se situaban ambos líderes y a la velocidad de la centella arrebató el designio homicida de la Marmolejo de aniquilar a aquel hombre.

Gimió y una mueca de dolor pintó el rostro de la fémina progresista, en su mano no quedó rastro ni de la pistola, ni del dedo índice que actuaría de verdugo. Nada, solo sangre sostenía aquella mano mutilada. Ruby cayó al suelo, gritando, al tiempo que sostenía su mano tullida, como si temiera que se pudiese caer lo que quedaba de su guante de carne.

Un águila calva americana aterrizó, gloriosa, a los pies de nuestro presidente, sosteniendo entre unas garras, afiladas como cuchillos, la pistola que segundos antes, habría de darle muerte. En su pico acerado, y pintado de un amarillo solar, agarraba lo que parecía un dedo índice, el ave rapaz giró sobre sí misma y se dirigió hacia la presidenta de la R.P. que la observaba con una mirada desbordante de odio y malicia. La criatura voladora la miró fríamente y engullió el dedo sin contemplación, ante la mirada incrédula de su advesaria.

_ ¡¡¡MATADLES A TODOS!!! _ gritó, una Marmoleja iracunda, en la que se acuciaba uno de los cientos de brotes psicóticos, que le atormentaba día sí y día también,

Tras la orden de aniquilar a los pocos que quedábamos, se oyó una terrible explosión, que se llevó por delante a varios progresoldados, hiriendo a otros tantos. Todos nos giramos, al norte, hacia donde se suponía que habían abierto fuego. La imagen era temerosa.

Cientos de carros de combate, no menos de 10.000 hombres de infantería ligera, y una escuadra de seís helicópteros del MAZP se dirigían hacia nosotros. El presidente acarició el pico del cabo MMX-Eagle y sonrió. Por fin, habían llegado.

27 de mayo de 2007

CAPITULO DECIMO QUINTO - La batalla final (IV)

_ Bueno, bueno, bueno... Pero si tenemos al mismísimo Presidente de la República, el salvador, el abanderado de la libertad... _ Se burló una displicente e irónica Ruby Marmolejo, que tenía ante sí a nuestro líder, algo demacrado por la intensa batalla. _ ¡Luchemos! Tu y yo, sólos, sin armas, sin trampas... solos, tu y yo monada.

No llego a terminar la frase cuando Claudedeu le lanzó un tremendo puñetazo en plenos morros. Sin duda, llevaba esperando este momento desde que comenzó la batalla. La hermosa y venenosa mujer cayó de espaldas contra el duro suelo. Nuestro presidente se abalanzó sobre ella, pero ésta le propinó una patada en el rostro. Ambos yacían arrastrándose por el suelo, incorporándose como podían.

Todos mirábamos expectantes la lucha, rezándole a Dios porque nuestro líder no cayese. Ruby fue la primera en reincorporarse y agarró al general por los pelos. Lo arrastró unos metros por la tierra, y lo levantó con la altura suficiente para soltarle varios soplamocos. La sangre manchaba la tierra, como en el albero de la plazas de toros que hacía años los progres terminaron cerrando y mandaron quemar.

Claudedeu volvió a caer al suelo, y Ruby alzó los brazos al cielo, exigiendo una ovación de sus hombres que gritaron de euforia. Tras esto le dio una patada en las costillas al presidente de la República, que se dolía en el suelo.

_ ¿En este despojo fascista confiasteis? _ dijo dirigiéndose a nosotros la pérfida voz de la presidenta de la progresía. _ ¿En esta escoria?_ volvió a patearle, pero nuestro jefe pudo esquivar el golpe y se deslizo, en rodillo, hacia a ella, que al estar apoyada en una sola pierna no pudo aguantar la fuerza del cuerpo de su oponente, y la arroyó cayendo ésta al suelo.

Claudedeu se precipitó sobre ella agarrándole la camisa. Encima del súcubo progre, el presidente le lanzo un puñetazo, uno tras otro. Ahora la que sangraba y escupía sangre era ella... Un golpe tras otro, la mujer de melena rubia seguía sonriendo como si le gustase cada puñetazo que aquel hombre le propinaba.

Ésta, finalmente, arqueó una pierna y aplastando con ello los testículos de nuestro presidente Claudedeu, que cayó hacia un lado sin aliento. Ruby se levantó y se dirigió hacia al muro de personas que circundaban la pelea, cogiéndole a uno de sus hombres una pistola semiautomática.

_ Acabemos con esto...

Todos nosotros nos sublevamos ante semejante acto que terminaría con la vida de nuestro general, pero los hombre de Ruby nos retenían.

Ruby apuntaba a aquel hombre con su pistola. Claudedeu de cuclillas levantó la cabeza, mirándola con sus hinchados y amoratados ojos, sin ningún síntoma de debilidad mental. Se reincorporó como pudo, si tenía que morir no lo haría desde el suelo, se enfrentaría a la misma muerte mirándola directamente a los ojos.

_ Hay que reconocer que tienes cojones... ¿Pero sabes unas cosa? Eso no te salvará, saluda a Franco de mi parte maldito...

25 de mayo de 2007

CAPITULO DECIMO QUINTO - La batalla final (III)

Pulsa play, para probar una nueva lectura ambientada a la batalla. (Como aún no están actualizados los códigos de Goear.com, pinchad con el segundo botón del ratón y seleccionar abrid vículo en una ventana nueva, este link)

Todo el campo de batalla se convirtió en un verdadero infierno de metralla, llamas, barro y sangre. Nuestros hombres, crecidos en fuerza, corrían de un sitio a otro eliminando a todo progresoldado que se interpusiera en su mortal carga. Los malditos giliprogres, una marabunta infernal, lanzaban alaridos de terror ante nuestro himno, el himno rojigualdo, el himno de nuestra patria.


El jeep que conducían nuestros dos valientes soldados, derrapaba atropellando a todo soldado enemigo, y si algun cadáver se quedaba pegado en la luna delantera del vehículo, la ametralladora MG-34 de Inasequible se encargaba de arrancarlo a trallazos. La sargento Sahndrah empalaba en esos momentos a un progresoldado con la bayoneta de su fusil, y seguía avanzando, indemorable. Nadie nos pararía, hace unos minutos puede, pero ahora no conocíamos lo imposible.


La sangre de los soldados que nuestros camaradas atropellaban, iba acumulándose en el cristal del parabrisas, haciendo incómoda, por no decir imposible, la visión.


_ ¡Inasequible! ¡No veo una mierda! _ Le espetó, la soldado Chesk a su compañero de andanzas.


_ ¡Chesk! ¡Cuidado con esos sacossssss!


El vehículo intentó esquivar un montón de sacos que estaban colocados como trinchera. Chesk giró como pudo, con la mala suerte de que en un derrape el jeep volcó. Inasequible voló por los aires hasta dar de brues con el suelo, y el coche siguió su peripecia dando varias vueltas de campana, hasta parar en seco, rodeado por una enorme nube de polvo y arena. Fue, lo que llamamos de una manera algo más coloquial, una tremenda ostia...


La batalla paró durante unos segundos, y no porque nuestros amigos hubiesen tenido un accidente, a estas alturas tristemente nadie tendría contemplaciones de tipo alguno, si no porque el hermoso himno para algunos, y la venenosa melodía para otros calló, haciéndose el silencio.


Los giliprogres, reaccionaron, miraron a sus víctimas y sonriéron.


_ ¡A la carga! _ gritó la voz de la presidenta progresista, con una mueca de placer, casi obsceno.


El enemigo consiguió rearmarse de corage para aplastarnos definitivamente. Si teníamos que morir, lo haríamos matando.


La batalla continuó, con unos emigos que habían decidido aniquilarnos usando la estrategia de la hiena, muy propia de su ideología política y militar. Consistía en rodear por todos los flancos a su enemigo, inferior en número, e ir lanzando pequeños ataques para debilitarlo.


Poco a poco eramos menos, cien o doscientos a lo sumo, que espalda contra espalda luchábamos acorralados contra nuestra parca progresista. Estábamos completamente rodeados, desde un plano aéreo, seguramente dibujámos una forma de diana. Un anillo inmenso de progresoldados y en su interior un círculo formado por los que aún resistíamos.


_Tirad las armas presidente Claudedeu_ ordenó una mujer de una larga melena rubia._ Seamos realistas, no teneís forma alguna de escapar con vida...


De entre la pequeña multitud, salió nuestro presidente, zafándose de los brazos de nuestros compañeros que no fíandose de las intenciones de la fría Ruby, pretendían frenarlo, reteniéndolo para que no acudiese a su siniestra llamada.


_ Dejádme, chicos... _ Nuestro presidente, un héroe sin duda, sabía que tenía que asistir al encuentro, así que intentar impedírselo era una piadosa estupidez.


Así pues ambos líderes caminaron hasta darse encuentro.

24 de mayo de 2007

CAPITULO DECIMO QUINTO - La batalla final (II)

Caíamos como moscas, por cada soldado del MAZP se contaban diez de la R.P., sin duda una trampa mortal de la que sería difícil salir con vida. Abandonados por las tropas del MAZP la República se defendía frenética como potro desbocado (que no sabe a dónde va), aunque no parecía salir muy exitosa.

El Capitán Daniel desesperado ante la sórdida situación, viendo como a penas eramos unas cosquillas desagradables ante la tropa de la Mamotreto, miró hacia atrás, justo dónde se situaban las catapultas que había construído el teniente coronel Legionarius.

_ No podemos esperar más... _pensó casi asustado_ ¡¡¡¡LEGIONARIUS SUÉLTALAS!!!! ¡¡¡¡SUÉLTALAS!!!!.

Legionarius no escuchó nada. pero lo intuyó, así que se acercó a la catapulta más próxima a su posición, con las coordenadas del impacto ya ajustadas. Apuntó con su revólver a la cuerda tensada de la máquina medieval. Y disparó...

_ Pero que cojones... _ El tiro no había fallado, de hecho impactó contra la cuerda que se cortó, pero el brazo de la catapulta permaneció inmóvil inexplicablemente._ Vamos hijaputa, no me jodas ahora... _ Le rogaba el oficial a la catapulta que no había funcionado. _ ¡Por la barbas de Rajoy! ¡Esto es una pesadilla! _ Sentenció Legionarius.

Seguidamente disparó a la cuerda de la otra catapulta que se situaba a 100 metros, y cortó la cuerda, al menos su puntería si era una proeza, más un cuando disparaba con un revolver Colt del calibre 40. Ipso Facto se oyó un crujido, y el pesado brazo de la catapulta se disparó, escupiendo la bomba de más de cinco metros de radio. Una auténtica monstruosidad.

El proyectil recorría lentamente el campo de batalla, sorteando miles de personas, y empezó a perder velocidad y altura gradualmente para dar a caer justo en el objetivo, en un batallón de apoyo de progresoldados, que se contaban por miles. Las mismas víctimas observaban incrédulas como un enorme artefacto con forma de zeppelin, se precipitaba sobre ellos. La pesada bomba cayó sobre ellos sepultándolos. Por lo menos fueron aplastados cien de ellos, una birria comparado con el objetivo que nos proponíamos alcanzar. ¿Por qué demonios no explosionó?

El General Claudedeu perdido en algún punto de la batalla se dijo para sí _ Mierda, ya sabía yo que el gitano que me las vendió no era de fiar, ¡maldito sea!_ Se quejó, de semejante traficante de poca monta.

Todos nuestros compañeros, Oficiales, Suboficiales y Soldados, no podían creer lo que veían sus ojos y cayeron en la desesperanza. Por otro lado, la insidiosa R.P. lanzaba al aire su grito que auguraba su victoria. Avanzaron más y más rápido aniquilando a todo soldado guadalmecino y de nuestro amado clan, era el fin. Algunos de nuestros caían ante el enemigo porque se habían quedado paralizados ante el miedo progresista.

Derrepente ante la carga de los giliprogres y la desesperanza compañera, una musiquilla que nos resultaba familiar acarició nuestros timpanos. La música salía de unos enormes magáfonos colgados de un Jeep corría a toda leche a través de la batalla. Una soldado parecía conducirlo y detrás en la zona de carga del vehículo se encontraba otro soldado disparando a diestro y siniestro con lo que parecía una MG-34. Era el himno de España, ¡nuestro himno!

_ ¡Arrrrgggg, morid malditos cerdos! _ gritó el soldado Inasequible que disparaba su arma enloquecida a la grupa del jeep.

_ No olvideís quienes somos _ habló la soldado Chesk que conducía el todoterreno, mediante la megafonía que habían instalado _ Que muerdan el polvo, ¡VIVA ESPAÑA!

Todos sonreímos al oír nuestro himno que parecía arrancar la bravura y la fuerza de nuestros corazones, propios de un soldado español. Los progre-soldados se tapaban los oídos, como si el himno envenenase sus mentes.

_ ¡Arrrrggg! Me derritóóóóóó... _ Con cara de estúpido, observé como un progresoldado se retorcía en el suelo, a mi lado, tapándose los oídos.

_ ¡La leche! _ sentencié incrédulo.

Nuestro poco numeroso ejército, cargó, altivo, con las fuerzas renovadas hacia el enemigo. Y empezamos a comérles terreno...

¡POR ESPAÑAAAAAAA!

19 de mayo de 2007

CAPITULO DECIMO QUINTO - La batalla final

Valientes tropas las nuestras que aun en minoría, tendrían el valor suficiente para enfrentarse al temido y numeroso enemigo giliprogresista. Las catapultas ya estaban a punto, gracias a la genialidad del teniente coronel Legionarius, que aun se encontraba realizando los últimos ajustes a las maquinas medievales. Los dos ejercitos, los del sabio Claudedeu y los de la esquizofrenica paranoica de Marmolejo, se situaban enfrentados con una distancia de apenas seiscientos o setecientos metros. Ambos permanecían inmóviles a la espera de la terrible carga.

El Capitán Daniel, tenia una cara de descomposición, sin duda alguna la vigilia de un repudiado fracaso le corroían las entrañas. Trago saliva como pudo, pues parecía estar tragándose un trozo de cuero, que amenazaba con atragantarle. Respiro profundo para ordenar el comienzo de la ultima batalla. Justo cuando estuvo a punto de alzar la voz, se oyeron unos tambores de guerra que se acercaban tímidos al norte de la batalla, justamente detrás de ellos.

¡Era el Escuadrón Gades! Escuadrón que estaba a las ordenes de un servidor. Habían partido de la ciudad fenicia gaditana, para apoyar a su capitán y reforzar la defensa de Guadalmecin. Se me hizo un nudo en la garganta, la emoción me embargaba el corazón. Mis hombres habian atendido a la desesperada llamada de socorro guadalmecina, para rendir pleitesia a su presidente y defender a España, nuestra amada y siempre convulsa patria. Solo podía sentirme orgulloso de aquellos guerreros gaditanos que habían demostrado su coraje bajo mi mando, y ahora se unían por la búsqueda de la gloria.

El teniente que se encargaba de sustituirme cuando no contaban con mi presencia, se me acerco, respetuoso.

_ A sus ordenes mi Capitán, esperamos haber llegado tiempo.

_ Sois el orgullo de vuestro Capitán, teniente. Celebro que hayáis podido llegar a tiempo para la fiesta y espero que el escuadrón demuestre el valor y la fuerza que acostumbra a ostentar.

_ Eso haremos, mi capitán.

_ No espero menos, teniente, no espero menos... Ahora reuna a los hombres y cojan asiento, la peli esta a punto de comenzar...

Los ciento cincuenta hombres fueron a tomar posición. Aunque no era una gran cifra, todos los que nos hallábamos allí, parecíamos respirar con una menor pesadumbre, aunque todavía conscientes de nuestra suprema inferioridad. Toda ayuda seria poca, para aspirar a la victoria.

El capitán Daniel, me lanzo una mirada de consuelo, a modo de pequeña celebración por la repentina incorporación de mis hombres, de los que no se esperaba otra cosa que luchasen como todos habíamos demostrado hasta ahora.

A penas habíamos asimilado la entrada del Escuadrón Gades cuando se oyó el silbido de un proyectil que fue a impactar el la cabeza de unos de los soldados que se encontraba a mi lado, que salpicandonos con trozos de su viscosa sesada, cayó sin vida al húmeda hierba que cubrían los llanos de Ambioleto. La R.P. había movida ya ficha anunciando el comienzo de la batalla final.

*****
Nos la jugamos. El capitán Daniel decidió lanzar una ofensiva de no menos de la mitad de nuestras tropas, que cargaban energicas contra el enemigo, que también pisaba a fondo el acelerador. El capitán abandono la idea del ataque organizado, optando por el del tipo marabunta, propio de las los guerreros escoceses en sus batallas contra los ingleses, alla por el siglo XIV. Ya habíamos recorrido cuatrocientos metros de los seiscientos que aproximadamente nos separaban, cuando muchos empezaron a soltar rafagas de fuego, y otros muchos se tiraban al suelo, agazapados, buscando blancos seguros con sus rifles de largo alcance, la soldado Pere se encontraba con estos últimos. Había roto el inseparable trio, para participar el la primera oleada de la batalla, tal y como ordeno su presidente tras su solicitud. Sus compañeros, Inasequible y Chesk, se encontraban en algún sitio de la batalla haciéndose con el maldito jeep que andaban buscando.

El choque de fuerzas de ambos bandos fue tremendo. En plena carrera saque mi machete, que lance con tremenda furia, contra el primero que se cruzo en mi camino, que impacto en plena garganta. Continué mi carrera desenfundando ahora mis dos revólveres, y antes de que mi víctima cayese al suelo, pude arrancarle el cuchillo del cuello y continuar raudo la carga.


El coronel Espantapájaros avanzaba lentamente con una escopeta de repetición que iba descargando una y otra vez contra el incauto progresoldado que osase interponerse en su camino. El impacto de la metralla de cada uno de los disparos que impactaban en el enemigo, hacia que estos saliesen volando varios metros hacia tras de la fuerza del impacto.

Mire hacia detrás después de propinar una patada con mis botas a un soldado enemigo, que tras un fuerte crujido, pareció haberse partido el cuello. Nuestros hombres luchaban como titanes griegos, pero aun así caíamos rápidamente. Si esas catapultas no conseguían dispararse a tiempo no tardaríamos en abandonar la vida terrenal. Era una masacre...

16 de mayo de 2007

CAPÍTULO DECIMOCUARTO - Y le llamaban loca...

Las tropas de la R.P. se mostraban desafiantes ante su superioridad numérica. Habían conseguido acorralar a los débiles mazapanes (mazapanes así eran llamados en tono de burla los hombres del MAZP) en los llanos de Ambioleto, y ahora los aniquilarían en su vano intento por plantar cara. El Coronel Kickg que lideraba a las tropas giliprogres desayunaba, junto a su presidenta Ruby Marmolejo.

_ Hermosa mañana para matar a alguien, ¿verdad?_ dijo arrogante el Coronel, mientras se desperezaba, con toda la ordinariez que le caracterizaba.

_ No se confíe Coronel, hemos luchado cientos de veces con estos gusanos fascistas y han demostrado ser huesos duros de roer._ dijo su presidenta, la Marmoleja.

En un par de horas marcharían, directos, a esos llanos para destrozar a la resistencia guadalmecina, y proseguir con lo que ellos llamaban, la Reconquista Roja. Nombre que había gustado en bautizar el comandante Cid Rojo. Reconquista que consistía en recuperar las tierras de la Resistencia, para instaurar su dictadura comunista, una vil república bananera a la antigua usanza castrista.

_ ¿Se sabe algo del fugado sargento Hartosdezporky? ¿Ha contactado con nuestro Cuartel General, coronel?

_Sí, mi señora. Ha conseguido escapar, sin dejar rastro alguno... _ dijo casi susurrando, con cierto miedo, ante la posible reacción lunática de la presidenta Marmolejo.

_ ¡ME TENEÍS HARTA DE VUESTRA INCOMPETENCIA!_ gritó a la vez que lanzaba un golpe casi mortífero, que sólo ella conocía y que con el tiempo había conseguido perfeccionar. La patada Aguirreana. Que fue a casi desmontarle los testículos al coronel, el cuál cayó al suelo de tierra, sin aliento (y quizá sin un huevo, seamos sinceros), casi desmayado y jadeando._ ¡¡¡UN SOLO HOMBRE ESCAPA DE UNA BASE DE 3000 HOMBRES!!!

Siguió desahogándose metiéndole patadas en el pecho y en la cara, donde cayesen, al coronel que yacía medio estéril en la tierra. Después de unos segundos, y sin venir a cuento, terminó la paliza a su oficial y se sentó en la tierra al lado del hombre malherido. Como si tratase de reiniciar su disco duro en su cabeza, empezó a reírse con una carcajadas pavorosas. Tenía una risa aguda, y desgarradora, que evidenciaba a la vez que acuciaba aún más su locura.

_ Dejemos que nuestro amigo, escape jajajajaja.... volvió a reír la enferma de Ruby_ Con un poco de suerte si no se lo comen los buitres, llegará a tiempo a la República de Guadalmecín para dar sepultura a todos sus amigos, que para entonces ya estarán siendo comidos por los gusanos jajajjajaja _ tras el cruel razonamiento, agarró del cuello al coronel, Kickg que se encontraba inconsciente, y lo besó apasionadamente en los labios ensangrentados.

CAPÍTULO DÉCIMOTERCERO - Operación Marrowbone

Las órdenes de nuestro Presidente eran meridianamente claras. La batalla tendría lugar en los llanos de Ambioleto, donde nuestros excedentes troperos se habían replegado. La operación había sido bautizada bajo el nombre de Operación Marrowbone, de su éxito dependían nuestras vidas y la República de Guadalmecín, dejando paso al hundimiento de nuestra amada patria.

Dicha operación sería capitaneada por el jefe del Escuadrón Balear, Daniel, al que se le había encomendado el honor de llevarnos a la victoria, para deshonra de la giliprogresía. Era luchar o morir...

Todos nos desplegábamos por los llanos ambioleteños, a la espera de entrar en batalla. El Capitán Daniel, algo nervioso, deambulaba de un sitio para otro, pensativo.

_ Muy bien. Acerquénse oficiales. _ Proclamó en tono serio_ Contamos con las dos bombas ZAR, pero pesan una barbaridad como para que las tropas las carguen, además de que resultaría peligroso y estúpido. ¿Alguien tiene una idea?

Todos quedaron con el ceño fruncido tratando de exprimir ideas con las cejas, pero no parecía salir ni una sola gota de aquel zumo tan valioso, que es el ingenio.

_ Se me ocurre algo, Capitán. Es algo primitivo y quizás resulte absurdo y atrevido, pero...

_ Explíquese Teniente Coronel Legionarius, por absurdo que sea necesitamos toda la originalidad que nos pueda prestar.


_ Pues bien, ¿sabe lo qué es una catapulta?

_ No me lo puedo creer... _ la Comandante Maya sonrío a la vez que sacudía la cabeza ante la idea de su compañero, negando haber oído semejante invención.

_ Claro que sé lo que es una catapulta, no soy un giliprogre. Pero lo que no acabo de entender si lo que me cuenta es un chiste de mal gusto, o simplemente se ha vuelto majara... _ Sentenció, algo aturdido el Capitán Daniel.

_ Sé que parece absurdo. pero es fácil crear una o en su defecto un trebuchet, un sencillo juego de poleas y un contrapeso hasta un niño podría hacerlo.

_ Dudo mucho que un niño hiciese tal proeza, sobre todo si cursó la LOGSE, pero hable, le escucho.

_Como bien ha explicado usted es muy peligroso que nuestras tropas carguen con las bombas, y sabemos que no contamos con ninguna lanzadera que esté en buen estado, ni ninguna otra que soporte el peso de semejantes artefactos. Asi que podríamos montar a la retaguardia las catapultas y lanzarlas, contra el enemigo. Una vez hecha la brecha cargarían nuestra unidad de carros de combate, con todas nuestras tropas. Así quizá tengamos tiempo de salir airosos...

_ Me parece una idea de lo más absurdo, y eso me gusta._ Sonrió el Capitán_ ¿Cree que podrá montarlas en poco tiempo, Legionarius?

_ Voy de inmediato a ello, capitán,_ Dicho esto, el teniente coronel partió en seguida hacia las colinas más altas, llevándose consigo, unos cuantos soldados para que le ayudasen en el montaje.

_ Los hombres del MAZP, no llegarán a tiempo... repliqué al capitán.

_ Romeo, no podemos esperarlos. Lucharemos con ellos o sin ellos con al ayuda de Dios. Esta es nuestra última oportunidad, y con algo de suerte quizá lleguen al amanecer._ dijo tajante quién iba a convertirse en un héroe.

_ Que Dios nos ayude, amigo mío... Que Dios nos ayude...

9 de mayo de 2007

CAPÍTULO DUODÉCIMO - La mañana roja

La mañana había amanecido gris y triste. Los cielos encapotados amenazaban lluvias en el terreno de batalla. Ambos ejércitos se habían dado un respiro para los recuentos de víctimas, así como la recogida de los cuerpos. El general Claudedeu destrozado por el cansancio se dejó caer sobre unos sacos de tierra dispuestos como trinchera. Unos cuántos oficiales rodeaban a su líder esperando una respuesta. Esperando que aquel hombre les diera una solución, esperando que sacase fuerzas de donde no las había y les llevara a la imposible victoria. Empezó a llover y las gotas de lluvia recorrían su rostro mientras este alzaba la vista al cielo intentando que Dios le ayudase.

_ Son unos malditos cerdos, mientras nosotros recogemos a nuestros caídos ellos dejan a los suyos como pasto de los cuervos, son unos bastardos inmorales... _ se quejó en voz alta el Coronel Espatapájaros._ ¿Y dónde están los refuerzos del MAZP? ¿No deberían haber llegado ya? ¿A caso nos han abandonado?

_ Debemos tener paciencia, están de camino, si no han llegado antes deben tener sus razones. No debemos caer en la desesperanza, y mucho menos desconfiar de nuestro clan _ Sentenció la comandante Maya mientras intentaba realizar un firme vendaje en su brazo izquierdo, al parecer había recibido un disparo.

El presidente de la Republica permanecía en silencio con la mirada perdida, mientras sus hombres seguían discutiendo la situación.

_ Las bajas son tremendamente cuantiosas. A penas resistiremos otro combate, no estamos a la altura de su ejército. Hemos perdido las tres terceras partes de nuestros hombres. Seremos unos 1.500 o 2.000 hombres como mucho, frente a 5.000 progre-soldados. No aguantaremos... _Se lamentaba el teniente coronel Legionarius, descorazonado y abatido por la cruda realidad en la que se encontraba la república guadalmecina.

_ Esto es desastroso, no sé que decir... _ añadí aturdido.

_ ¡¡¡BASTA!!!_ estalló el presidente_ ¿Qué cojones os pasa? No veo a mis hombres, ¿donde se esconde la furia por la que soís conocidos más allá de la península? ¿Qué fue de la fuerza y el valor? ¿Dónde están vuestros puños apretados frente a la perversidad de la giliprogresía?_ todos mirábamos al suelo avergonzados por nuestra debilidad, ante los reproches de su presidente. _ Si caemos llevémonos a todos los progres que podamos a nuestra tumba. Y si depende del Señor sigamos combatiéndolos en el mismo infierno y que sus llamas les parezcan suaves cosquillas ante nuestro azote.

_ ¡Yo no me he roto la nariz en vano!_ gritó eufórico el Capitán Daniel.

_ ¡Que muerdan el polvo!_ corroboró el Coronel Zapataplús, irguiéndose, recobrado de ánimo.

_ Reunámonos en los llanos de Ambioleto, para preparar nuestra última carga. ¡Síganme los buenos!

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8 de mayo de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre (III)

La batalla era frenética. Los hombres de la R.P. ganaban terreno a pasos agigantados, mientras nos temíamos la caída de Guadalmecín. En otro punto de la batalla se encontraba un hombre del MAZP con unos cuántos compañeros más de apoyo. Era el soldado Inasequible (al desaliento), un implacable enemigo de la EX-paña de la R.P.

Se encontraban detrás de unas rocas a salvo de los trallazos de las armas de los progre-soldados. Discutían un plan para hacer ganar tiempo a Guadalmecín hasta que llegasen los refuerzos de nuestro clan. Ya llevaban tres días luchando y si no le fallaban los cálculos, nuestras tropas llegarían como mucho en uno o dos días.

_ ¡Pere! ¡Chesk! Acercaros un poco más... _ el soldado llamaba la atención a sus compañeros, la soldado Pere y la brigada Chesk, que se encontraban a unos tres metros de su posición.

Las soldados se arrastrron rapidamente por el terreno cuales serpientes hasta Inasequible. Se hacían llamar el "trío tralará" y eran famosos por su eficacia y constancia. Las dos mujeres eran un peligro para la giliprogresía, y aquel hombre, Inasequible, su propio nombre lo definía: era Inasequible al desaliento.

_ ¡La cosa está jodida! Estamos cayendo como moscas, ellos nos ganan en número y en potencia de fuego... _ sentencio Chesk, la brigada.

_ Escúchame bien Chesk, no vamos a permitirnos caer en la duda de si sobreviviremos a semejante escoria progresista... _ acusó Pere.

_ Tenemos que hacer algo, por España, por su supervivencia ante la desiria y la chusquedad de los giliprogres. ¿Chesk, puedes quitarte eso cuando hablo?_ se quejó Inasequible.

La brigada Chesk llevaba su MP3 a la guerra, la música le hacía sentir viva y aumentaba su poder ofensivo.

_ Upss perdón...

_ Un momento... ¡Ya lo tengo! Eres increíble Chesk, busquemos un coche con radio y altavoces. - dijo Inasequible eufórico.

_ Mmmm, vale... ¿Estas tomando drogas? _ Preguntó Chesk sin comprender nada de lo que decía su compañero. Pere jugaba haciendo malabarismos con su machete, indiferente a la conversación...

_ Os lo explicaré por el camino. ¡Andando! ¡Vamos Pere, que te duermes!

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28 de abril de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre. (II)

Las tropas de la R.P. ya empezaban a subir la dura pendiente de la duna desde la que abríamos fuego. Se acercaban dos progre-soldados cuándo, sin darme tiempo a reaccionar vi como el Capitán Daniel se levantaba y se arrojaba literalmente de cabeza sobre uno de ellos derrumbándolo. Empezó a rodar con su víctima llevándose por delante a un par de enemigos más que siguieron dando volteretas por la escarpada arenosa.

Yo algo menos impaciente me colgué el fusil a la espalda y esperé al primer insensato que osase escalar hasta la cima. Y llegó un candidato, muy corpulento, que debía de medir algo más de dos metros frente a mi metro ochenta y seis de altura. Esperé a que estuvo a mi merced, entonces, exhausto el gigante giliprogre lanzó un puñetazo que a penas me costó esquivar y pudiendo devolverle el gesto. Con la diferencia de que mi puño, al contrario que el de él, se estrelló contra su mandíbula inferior. Atontado el gigante, me lancé contra el, le agarré con una mano el cogote y coloqué rápidamente mi codo contra su cuello a la altura de la nuez. Al caer sobre la arena se escuchó el crujido de cómo la nuez se hundía mortalmente en su garganta. Me levanté con uno de mis revólveres en la mano derecha y el cuchillo de combate en la siniestra.

_ ¡Arrrrrggg! ¿Serás cerdo? _ Daniel había recibido un duro golpe en la cara con la culata de un rifle de un progre-soldado, que lo miraba estupefacto, incrédulo al ver como aquel oficial del MAZP se quejaba, sujetándose la naríz de la que emanaba abundante sangre_ ¿Y qué cojones estás mirando imbécil?_ le preguntó, tras pegarle un puñetazo que dejó al de la R.P. fuera de combate, tirado en la arena.

_ La guerra está perdiendo toda seriedad y formas..._ Me quejé sonriéndole.

_ ¡Cállate merluzo! Al menos a ti no te han roto la nariz.

_ Deja de quejarte nenaza.

_ ¡YO NO SOY UNA NENAZAAAA!_ gritó encolerizado, desenfundado sus dos colt, y disparando a un progre-soldado que se le acercaba por detrás, intentando sorprenderlo. Girándose después hacia la izquierda disparando a otro que salió entre la multitud y cayó de espaldas por la fuerza del disparo. Tras esto puso sus brazos en cruz disparando ambos revólveres que derribaron a dos incautos más que se desplomaron cual árboles van._ ¿Está claro?

***

Al este de aquel punto, el teniente coronel Legionarius y sus hombres sufrían de lo lindo. Eran atacados por una división de hombres de la R.P. equipados con lanzallamas, que crearon una barrera de fuego que ya había carbonizado a no menos de cincuenta hombres de la División Amarilla del Águila de San Juan.

_ ¡Vamos muchachos! ¡Tenemos que abrir una brecha!_ gritaba el eufórico oficial_ ¡Sargento Sahndrah, por qué cojones no se abren paso!

La Sargento se acercó corriendo hasta su Jefe de Escuadrón, asustada al ver como sus compañeros caían gritando agonicamente, envueltos en llamas. Era una imagen desoladora, sus Águilas no eran capaces de abrirse un hueco entre aquellos lanzallamas. Disparaban a ciegas, debido a la casi imposible visibilidad de las ráfagas del ataque ígneo.

_ Señor estamos sufriendo demasiadas bajas, quizá deberíamos plantearnos una retirada. no podemos penetrar esa barrera de fuego. _ espetó la sargento empapada en sudor y desesperanza.

_ ¡Me cago en to lo que se menea!_ maldijo el oficial, arrancándole una de las granadas que llevaba aquella mujer colgadas del chaleco, a la que arrancó la anilla y lanzó contra la barrera de lanzallamas del enemigo.

La explosión fue tremenda. Una veintena de progre-soldados salió volando por los aires e hiriendo a no menos de cincuenta que se encontraban cerca. Dibujándose entre le fuego y el humo un agujero visible.

_ ¡Ya tiene la puerta abierta Sargento! ¡Carguen! ¡POR ESPAÑA!

Las Águilas de San Juan gritaron exaltados. Cargando hacia la brecha y entrando, por fin, en combate.
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22 de abril de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre.

Todos habíamos salido cagando leches de la tienda de campaña, al salir pude contemplar la catástrofe que ocasionó la explosión. A unos doscientos metros de la tienda donde nos encontrábamos pude divisar un tremendo agujero en forma de crater, tiendas incendiadas y docenas de heridos o quizás muertos, esparcidos por el punto de impacto del proyectil. Ya lo había visto muchas otras veces, sin duda se trataba de un mortero, estas armas alcanzan una distacia de unos cuatromil metros causando daños terribles. Sería dificil llegar hasta ellos porque se encontrarían a la retaguardia del enemigo como fuego de apoyo.

Ahora lo que primaba era pillarse un buen equipo para la batalla, así que como el resto de mis tres compañeros me dirigí corriendo al improvisado almacen de municiones, una inmensa tienda de lona en la que se guardaban las armas y la munición a modo de polvorín o santabárbara. Sorteé algunas tiendas y encontré la tienda. Mis compañeros ya estaban dentro. Al entrar el capitán Daniel me lanzó un arma.

_ Lo de siempre, ¿no? jeje

_ Gracias, jeje ya me conoces...

El arma que me habñia lanzado era mi favorita, la que siempre usaba: El subfusil alemán MP5, una birguería de ametralladora con una cadencia de fuego de ochocientos disparos por minuto y con cargadores de treínta proyectiles de capacidad. Una lindeza cargada por el mismisimo diablo. Asimismo me hice con munición para mis dos revólveres S&W 60 del calibre treinta y ocho, un chaleco que me puse bajo mi chupa de cuero negra y un par de granadas Mk 2-A1 estadounidenses.

_ Mucha suerte chicos, y dadles caña _ nos deseó a todos la Comandante Maya.
_ Igualmente Comandante_ contestamos todos a la vez.

Tras esto salimos fugaces del polvorín. Las mujeres se separaron y el capitán Daniel se quedó a mi lado. Corríamos a través del campamento a campo abierto con todas las escuadrillas, entre gritos de oficiales enfurecidos dando órdenes a sus hombres. Daniel y yo corríamos con miles de soldados de la república, para el encontronazo de lleno con el enemigo. A medida que recorríamos el trecho que nos separaba, iban cayendo innumerables hombres a nuestro paso, víctimas de los impactos de balas que silbaban muy cerca de nuestros cuerpos. Las que no impactaban en nuestros hombres se perdían entre la multitud, yo mientras corría rezaba a nuestro señor porque no sucediese lo primero y por el bien de España. Y al fin alcanzamos una inmensa duna que no serviría de apoyo y defensa. La subimos casi sin aliento, y nos tiramos en la cima con nuestros fusiles. Y empezó la descarga.

Empecé a disparar a todo blanco que se pusiese a tiro, primero cayo uno, después dos y luego cuatro. Daniel me llevaba ventaja, siempre había disparado mejor que yo, para que nos ibamos a engañar. Era cuestión de segundos que nos alcanzasen, así que esperamos el combate cuerpo cuerpo aniquilando a soldados de la R.P. hasta su llegada.

Y llegaron...

***

Mientras en otro punto de la batalla, el coronel Espantapájaros y sus Leones de Ambioleto ataviados de trajes marrón caquí, cargaban contra el enemigo equipados con sus famosos lanzagranadas RPG-76. Una fila de 20 hombres desplegados en primera fila se postraron en la tierra apuntando con sus bazookas a una división de tanques M1 Abrams compuesta de 4 vehículos.

_ ¡Apunten muchachos!_ gritó con su potente garganta de líder, el coronel. _ Esperen, un poco más... un poco más...

Los tanques los habían detectado y viraban sus cañones hacia los Leones que insensibles al miedo, observaban tranquilos a las bestias de acero que amenazaban con volarlos por los aires.

_ ¡¡¡¡¡¡FUEGO!!!!!

Veínte misiles salieron disparados, estrategicamente ordenados para abatir a los cuatro colosos metálicos. Cinco misiles por carro de combate. Tres de ellos chocaron contra uno de los vehículos haciendolo saltar al mismo cielo, al igual que los otros tres que habían sido alcanzados por alguno de los quince proyectiles restantes. Los Leones de gritaron de euforia ante el éxito, haciendo gala de porque se llamaban leones, sus gritos no eran sino los rugidos del rey de las junglas africanas. Asi pues, todo el batallón de leones avanzó triunfante hacia el frente.

CAPÍTULO DÉCIMO - La vigilia guadalmecina.

Aquella mañana en la República aliada se mascaba la tensión en todo momento. Había conseguido reunir a unos cinco mil soldados, quizás menos, cincuenta carros de combate M48 Patton, y seís unidades especiales de morteros. Ya se encontraban en el desierto a las afueras de Toro Grande, en los llanos del inmenso desierto que lo circundaban.

Toda la tropa se disponía en escuadrillas de cien y doscientos hombres desplegados en la ardiente arena, nerviosos y en vigilia de la terrible batalla que estaba a punto de librarse. Sabían que se encontraban en menor número que el enemigo, pero a aquellos hombres no les faltaba coraje y se podía dar por seguro que darían su vida por la República de Guadalmecín.

Pero el ejército guadalmecino era realista, sin las tropas del MAZP, sucumbir ante la R.P. era un hecho más que posible. Hacía un par de días que los refuerzos del MAZP habían partido de su Cuartel General y se calculaba que tardarían en llegar de cinco a seís días. Se esperaba que pudiesen resistir hasta su llegada.

Un gran número de oficiales se encontraban para plantar cara al enemigo. Entre las escuadrillas más potentes que se encontraban desplegadas se podía advertir la presencia de la División Amarilla del Águila de San Juan a las órdenes del Teniente Coronel Legionarius (300 hombres), la Escuadrilla de los Leones de Ambioleto a cargo del Coronel Espantapájaros (650 hombres), la Escuadra Rojigualda de Cerrajeros Artilleros dirigidas por el Cerrajero (100 hombres) y la Furia de San Telmo (200 hombres), guardia Guadalmecina Especial, a las órdenes de su General y Presidente Claudedeu. El resto se trataba de tropa básica de Guadalmecín, no menos valiente que las anteriores aunque más humildes.

En el campamento de Oficiales se encontraban todos los altos mandos, preocupados y de los nervios ante la difícil situación en la que se encontraban inmersos...

_ ¿Donde está el café que he pedido? ¡Cojones!_ El presidente de la república parecía perder los nervios, paseando de mesa en mesa, revisando mapas de todas las clases y colores, en busca de alguna posibilidad de éxito.

_ Presidente creo que deberíamos unirnos a nuestras escuadras, por si empezase la batalla_ Sugirió el Coronel Espantapájaros, con el sembalnte ensombrecido por la angustia. _ Presidente, ¿me ha oído?

El Presidente Claudedeu, parecía ido. Que las tropas del MAZP no se hubiesen presentado a tiempo le angustiaba profundamente y le hacía caer en el pozo de la inseguridad de su amada república.

_ ¿Eh? Oh, sí, sí... Tiene usted razón Coronel...

_ ¡La comandante Maya se presenta mi General!

_ ¡Capitán Romeo!

_ ¡Capitán Daniel, del Escuadrón Balear, Señor!

_ ¡La soldado Pere a sus órdenes!

Dos mujeres y dos hombres entraron en la tienda de camapaña interrumpiendo, a los oficiales.

_ ¡Están vivos! Creí que los había perdido, señores. ¿Cuándo han llegado?

_ Ahora mismo mi señor_ contestó la mujer, oficial de mayor rango.

_ Celebro que estén vivos vayan al arsenal y cojan el equipo de combate que necesiten, antes de que empiece...

De repente se oyó una explosión terrible, sóno muy cerca. Las sirenas que llamaban a la batalla se dispararon y miles de pasos y gritos de oficiales llamando a sus hombres ensordecieron el campamento en nanosegundos.

_ ¡Por las barbas de Rajoy! ¡Ya ha empezado! Vamos, vamos, vamos... ¡Corran a sus puesto, maldita sea!_ Gritó el Presidente guadalmecino.

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21 de abril de 2007

CAPÍTULO NOVENO - Tecnologías imposibles

El teniente Mapashito se acomodaba en su silla de la sala infecta de computadoras del DIAT (Departamento de Inteligencia Artificial y Tecnología), con los pies apoyados sobre una mesa de mandos y comiendo cacahuetes, su mayor vicio. Conversaba con su creación más amada: Satírica, la computadora sintética del MAZP a la que a lo largo de su corta vida (creada en 2014) le había cogido mucho cariño.

_ ¿Has informado ya al cuerpo de oficiales, Satírica?

_ Sí teniente Mapashito, el mensaje fue transcrito ayer a las 16:03 hora penínsular, ¿quiere algo más?

_ Nada más satírica, buen trabajo.

_ Gracias Teniente...

En ese momento entró en la sala el Cerrajero, jefe del Departamento, que aunque carecía de rango militar no lo necesitaba debido al gran respeto que transmitía a las gentes del MAZP (Movimiento Anti-ZP). Miró todo aquel vertedero de envoltorios de frutos secos y numerosas cáscaras de cacahuetes rodeando al Teniente.

_ Teniente Mapashito, ¿ha revisado ya los fallos en la voz de Satírica?

_ Sí señor, pero de momento no hay nada que hacer. He revisado los códigos y sigo buscando el motivo por el que se distorsiona el sonido...

_ Bien hecho, siga trabajando... Y haga el favor de recoger esta pocilga, sus dichosos cacahuetes llegan hasta las cocinas.

_ Sí señor, perdón señor.

_ Durante la guerra usted se quedará aquí y el entorno por el que se mueva debe estar limpio y ordenado para mayor eficiencia técnica.

_ Sí señor.

_ Ahora debo irme. Me esperan en Guadalmecín para su defensa, confío en usted...

_ Gracias señor...

El teniente Mapashito se giró en su silla para preguntarle sobre la situación real de la República aliada, pero como siempre el Cerrajero había desaparecido como por arte de magia.

_ ¿Pero como cojones lo hace?

_ El Cerrajero posee la tecnología AS-Satir la misma que uso para la transmisión de códigos debería saberlo, teniente. Usted fue quién me la instaló...

_ Sí claro, jeje... Pero aún así es distinta a la tuya, tu dejas un rastro virtual, que se esparce invisiblemente por el medio psicotrónico, en cambio el suyo es imposiblemente perfecto...

_ ¿Quiere qué lo investigue?

_ No déjalo Satírica, tenemos trabajo que hacer...


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20 de abril de 2007

CAPÍTULO OCTAVO - Mismos conflictos, distintas víctimas.

Cuartel Gral de la R.P.

_ ¿Dónde está el prisionero?_ La presidenta de la R.P. chillaba a uno de sus soldados agarrándole por el pescuezo.

_ Mi señora, sabemos que no puede haber ido muy lejos, lo más probable es que se encuentre escondido en algún sitio de nuestra base. Ya lo estamos buscando, he dado la alerta a toda la base, y no descansarán hasta encontrarlo. _ Informó un Cid Rojo un tanto nervioso.

_ ¿Me está usted diciendo Comandante, que todo el Cuartel General de la R.P. está buscándole? ¿Me está usted diciendo que toda la tropa está buscando a un sólo hombre y no lo encuentran?_Preguntó escéptica la presidenta, dando un puñetazo al soldado que sujetaba que cayó al suelo seminsconsciente con un ruido sordo.

_ Sí mi señora, así es.

_ Calmémonos todos un momento y cojamos aire..._inspiró profundamente_ El Sargento no es nuestra prioridad ahora, tenemos asuntos más importantes a los que atender, aún así continúen la búsqueda. Ahora debemos fijar nuestra vista en Guadalmecín. Si la república de majaderos cae, comenzará la imparable caída del MAZP, poco a poco nos haremos con sus territorios, las gentes que no se sometan serán aniquiladas por el bien de nuestro Imperio, y forjaremos el nuevo futuro por el que tanto trabajaron nuestros maestros... El futuro de... ¡Ex-paña!

_ ¿Qué ordena mi señora entonces?

_ Comandante usted ya me ha demostrado hoy que es un incompetente así que las únicas órdenes que le mando es que llame al coronel Kickg y que no me moleste...

_ Sí, señora_ Contestó sumiso aunque francamente molesto y bajo las escaleras de la torre de mando buscando al coronel Kickg.

_ Teniente Creonte, ¿qué avances han conseguido en la intercepción de conversaciones por radio? ¿Se sabe ya cuál será la estrategia que llevarán a cabo esos cretinos?

_ Por el momento no hemos conseguido nada, la SSAC Guadalmecina así como la UMCO del MAZP cuentan con la ayuda virtual del Cerrajero, que ha blindado todos los canales pero pronto conseguiremos hacer brecha, contamos con un as en la manga que no se esperan mi señora...

_ En fin, de momento mandaremos nuestras tropas a Toro Grande no se lo esperarán y una avanzadilla por esos estrechos y malditos valles así desviaremos sus ojos mientras nos hacemos con la Ciudad. Serán nuestros WAJAJAJAJAJA


En algún lugar del desierto de Mazp MAx...

Dos personas se habían bajado del coche podía escucharles, pero no me atrevía a asomarme, con un poco de suerte si no nos habían visto quizá pasarían de largo. Pero ante mi asombro pude oír como ambas personas estallaban en un ataque de risa, sin duda las carcajadas eran femeninas, y sospechosamente conocidas. Entonces me pareció oír al Capitán Daniel...

_ ¡No tiene gracia! Dejad de reíros, víboras, y sacadme de aquí...

Entonces me asomé. No podía creerlo se trataba de la comandante Maya y... ¿Pere? ¡Pere era soldado del MAZP! De por sí todo era una sorpresa pero confieso que no me esperaba que Pere terminaría engrosando las filas del clan. Observé a Daniel y pude descubrir a qué venían esas risas. El Capitán Daniel asomaba medio cuerpo, de cintura a cabeza, mientras el otro quedaba sumergido en la arena. El maestro del camuflage desértico quién iba a imaginar que caería en unas arenas movedizas...

_ ¡No seáis crueles y ayudadle a salir!_ grité desde la cima de la duna.

_ Vaya, vaya, pero si es el Capitán Romeo también, ¿y vosotros soís los que han mandado a cumplir una misión de alto riesgo? Con razón dicen que el MAZP decae en fuerza y competencia cada año, jajaja _ Se burló la comandante Maya de su cómico hallazgo.

La soldado Pere ayudaba a salir al capitán de la pringue arenosa, mientras la Comandante y yo seguíamos hablando.

_ ¿Y qué misión le han encomendado a usted, mi Comandante, si no resulta impropio saberlo?

_ Buscar a dos inútiles, pero hace escasos segundos que acabo de terminar la misión y le informo de que ha sido un éxito. Ahora subid al coche y partamos hacia Guadalmecín, estamos en guerra.

_ ¿Cómo? _ el capitán Daniel, al igual que servidor, no podía escapar de su asombro.

_ Suban al coche, capitanes, es una orden. Se lo explicaré a ambos por el camino.

Los tres oficiales y la soldado del MAZP subieron al coche y se dirigieron rumbo a la Republica de Guadalmecín. El tiempo es, fue y será oro.

18 de abril de 2007

CAPÍTULO SÉPTIMO. Que Dios nos ampare...

Habíamos logrado escapar de aquella deprimente base y ahora debíamos dirigirnos a la República de Guadalmecín según últimas órdenes del MAZP. Estábamos agotados después de aquella noche y ahora deambulabamos por el desierto cuáles zombies hollywoodienses. De repente algo que yo no pude percibir perturbó la calma del Capitán Daniel.

_ ¿Oyes eso?
_ Si oigo que...

Yo no podía oír nada de nada, pero entonces creí oír un zumbido, después aquel sonido pasó a ser algo así como un ronroneo y finalmente me percaté de que se trataba de un motor de algún tipo de vehículo. Probablemente se trataba de un jeep o símilar... Entonces nos temimos lo peor. Quizá los de la R.P. después de levantarse con una tremenda resaca habían descubierto nuestra presencia la noche anterior y habían mandado a alguién en nuestra busca para aniquilarnos.

A unos dos kilómetros pudimos divisar el vehículo, a través de nuestros mellados prismáticos, se trataba de un todo-terreno prefabricado tipico de los desiertos de MAZP MAX pero no lográbamos ver alguna señal que nos indicara si se trataba de un amigo o de un enemigo. Si se trataba de miembros de la R.P. de seguro moriríamos así que correr o esconderse era la única e inútil solución.

_ ¡Vamos Daniel, muévete! ¡Muévete!

Yo eché a correr como mis fuerzas me lo permitían, sin embargo, Daniel optó como siempre por enterrarse en la arena ardiente del desierto. Me aproximaba a una duna, subí la pendiente raudamente y me tiré al otro lado, cayendo en rodillo por la cara oculta de la montaña de arena.
Entonces oí como el vehículo se paraba cerca, muy cerca, y apagaba el motor. Escuché como se abrían ambas puertas a la vez y se bajaban dos personas. Era luchar o la muerte...


Mientras en la República de Guadalmecín...

_ ¡La situación es crítica señores! Según estudios del SSAC, Denia ha sido ocupada por la R.P. por más de siete mil hombres y se espera que lleguen más. Esto no es una mera provocación señores, no vienen a repartir caramelos y no lo permitiremos. Primero porque odio los caramelos y segundo porque la República está amenazada y podría caer. Entre el arsenal que poseen figuran cinco pánzers distribuidos por la Democracia socialista cubana, armas de largo alcance y artefactos caseros como cócteles molotov. Una birria, en cualquier caso, comparado con el abastecimiento y la resistencia que la noble y muy leal República de Guadalmecín pondrá a semejante violación del Derecho internacional y de la Democracia. Les he reunido aquí para debatir como atacaremos y cuándo. ¡Hablen señores el tiempo no es nuestro único enemigo!

_ Coronel Zapataplús Señor. La situación es delicada, si queremos que la victoria sea nuestra debemos actuar con frialdad y rapidez. ¡Esto no es el Perejil, sus señorías! Aquí será donde se pongan a prueba nuestros conocimientos y nuestra fuerza. He mandado a los soldados mensajeros Alejandro y Juan para que informen al MAZP, desde ayer a las 3:00 de la mañana ya están en camino. Hemos minado los valles de Almazor como una medida disuasoria debido a los estudios del departamento de Inteligencia de la república, que nos informan que el enemigo atacará por allí, sin embargo, NO ATACARÁN por allí es un señuelo...

_ ¡Se ha vuelto loco! _ El teniente coronel Legionarius, indignado a la vez que sorprendido, cortó al Coronel.
_ Guarde respeto, recuerde que se está dirigiéndo a un superior_ le reprendó un hombre que se situaba en el extremo derecho de la enorme mesa de más de 15 metros de longitud. Se trataba del Coronel Espantapájaros.
_ Perdone señor, yo sólo me preguntaba qué razones existen para desatender a los razonamientos de la inteligencia guadalmecina.
_ Tiene todo el derecho del mundo a dudar, Teniente Coronel, pero déjeme que le explique al igual que a sus señorías el porqué. Todos sabemos que sólo un loco o un perturbado se atrevería a cruzar esos valles, son demasiado estrechos, por lo que las tropas tendrán que concentrarse para poder pasar, una incursión por el paso del Almanzor, tendrá que hacerse a un paso lento. No olvidemos que el trote agresivo de por lo menos siete mil hombres provocarían derrumbamientos más que peligrosos. Pienso que quizás manden una avanzadilla como señuelo, pero jamás se atreverán a inmolarse de ese modo. La R.P. puede ser perversa pero no olviden que no es estúpida...
_ ¿Ypor dónde sugiere, mi Coronel, que atacarán?
_ Toro Grande será el objetivo, es la segunda ciudad más grande de la República, se encuentra al norte, a doscientos kilómetros del alto del Ambioleto, si se hacen con ella tendrán la visión de juego que ambicionan y tendremos que replantearnos la caída de Guadalmecín.

Aunque estaban todos con el semblante preocupado, no dudaban de las sabias palabras del Coronel, que antaño les había sacado de situaciones parecidas. En este momento, todos sabían que hacer. El Presidente Claudedeu se levantó de su asiento y los miró a todos, preocupado.

_ Que así sea y que Dios nos ampare. Pero recuerden nuestro lema: Somos más y mejores. ¡Arriba el MAZP!
_ ¡Arriba!_ gritaron todos al unísono, la esperanza parecía brotar tras aquellas palabras.

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