Año 2017 de nuestra era.
Tras nefastas acciones políticas de la Izmierda nuestra patria vive inmersa en una guerra civil. Todo lo que antaño fuese digno de amar en nuestra convulsa nación ha quedado reducido a cenizas, dejando paso a un nuevo periodo en nuestra ibérica historia: MAZP MAX
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8 de mayo de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre (III)

La batalla era frenética. Los hombres de la R.P. ganaban terreno a pasos agigantados, mientras nos temíamos la caída de Guadalmecín. En otro punto de la batalla se encontraba un hombre del MAZP con unos cuántos compañeros más de apoyo. Era el soldado Inasequible (al desaliento), un implacable enemigo de la EX-paña de la R.P.

Se encontraban detrás de unas rocas a salvo de los trallazos de las armas de los progre-soldados. Discutían un plan para hacer ganar tiempo a Guadalmecín hasta que llegasen los refuerzos de nuestro clan. Ya llevaban tres días luchando y si no le fallaban los cálculos, nuestras tropas llegarían como mucho en uno o dos días.

_ ¡Pere! ¡Chesk! Acercaros un poco más... _ el soldado llamaba la atención a sus compañeros, la soldado Pere y la brigada Chesk, que se encontraban a unos tres metros de su posición.

Las soldados se arrastrron rapidamente por el terreno cuales serpientes hasta Inasequible. Se hacían llamar el "trío tralará" y eran famosos por su eficacia y constancia. Las dos mujeres eran un peligro para la giliprogresía, y aquel hombre, Inasequible, su propio nombre lo definía: era Inasequible al desaliento.

_ ¡La cosa está jodida! Estamos cayendo como moscas, ellos nos ganan en número y en potencia de fuego... _ sentencio Chesk, la brigada.

_ Escúchame bien Chesk, no vamos a permitirnos caer en la duda de si sobreviviremos a semejante escoria progresista... _ acusó Pere.

_ Tenemos que hacer algo, por España, por su supervivencia ante la desiria y la chusquedad de los giliprogres. ¿Chesk, puedes quitarte eso cuando hablo?_ se quejó Inasequible.

La brigada Chesk llevaba su MP3 a la guerra, la música le hacía sentir viva y aumentaba su poder ofensivo.

_ Upss perdón...

_ Un momento... ¡Ya lo tengo! Eres increíble Chesk, busquemos un coche con radio y altavoces. - dijo Inasequible eufórico.

_ Mmmm, vale... ¿Estas tomando drogas? _ Preguntó Chesk sin comprender nada de lo que decía su compañero. Pere jugaba haciendo malabarismos con su machete, indiferente a la conversación...

_ Os lo explicaré por el camino. ¡Andando! ¡Vamos Pere, que te duermes!

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28 de abril de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre. (II)

Las tropas de la R.P. ya empezaban a subir la dura pendiente de la duna desde la que abríamos fuego. Se acercaban dos progre-soldados cuándo, sin darme tiempo a reaccionar vi como el Capitán Daniel se levantaba y se arrojaba literalmente de cabeza sobre uno de ellos derrumbándolo. Empezó a rodar con su víctima llevándose por delante a un par de enemigos más que siguieron dando volteretas por la escarpada arenosa.

Yo algo menos impaciente me colgué el fusil a la espalda y esperé al primer insensato que osase escalar hasta la cima. Y llegó un candidato, muy corpulento, que debía de medir algo más de dos metros frente a mi metro ochenta y seis de altura. Esperé a que estuvo a mi merced, entonces, exhausto el gigante giliprogre lanzó un puñetazo que a penas me costó esquivar y pudiendo devolverle el gesto. Con la diferencia de que mi puño, al contrario que el de él, se estrelló contra su mandíbula inferior. Atontado el gigante, me lancé contra el, le agarré con una mano el cogote y coloqué rápidamente mi codo contra su cuello a la altura de la nuez. Al caer sobre la arena se escuchó el crujido de cómo la nuez se hundía mortalmente en su garganta. Me levanté con uno de mis revólveres en la mano derecha y el cuchillo de combate en la siniestra.

_ ¡Arrrrrggg! ¿Serás cerdo? _ Daniel había recibido un duro golpe en la cara con la culata de un rifle de un progre-soldado, que lo miraba estupefacto, incrédulo al ver como aquel oficial del MAZP se quejaba, sujetándose la naríz de la que emanaba abundante sangre_ ¿Y qué cojones estás mirando imbécil?_ le preguntó, tras pegarle un puñetazo que dejó al de la R.P. fuera de combate, tirado en la arena.

_ La guerra está perdiendo toda seriedad y formas..._ Me quejé sonriéndole.

_ ¡Cállate merluzo! Al menos a ti no te han roto la nariz.

_ Deja de quejarte nenaza.

_ ¡YO NO SOY UNA NENAZAAAA!_ gritó encolerizado, desenfundado sus dos colt, y disparando a un progre-soldado que se le acercaba por detrás, intentando sorprenderlo. Girándose después hacia la izquierda disparando a otro que salió entre la multitud y cayó de espaldas por la fuerza del disparo. Tras esto puso sus brazos en cruz disparando ambos revólveres que derribaron a dos incautos más que se desplomaron cual árboles van._ ¿Está claro?

***

Al este de aquel punto, el teniente coronel Legionarius y sus hombres sufrían de lo lindo. Eran atacados por una división de hombres de la R.P. equipados con lanzallamas, que crearon una barrera de fuego que ya había carbonizado a no menos de cincuenta hombres de la División Amarilla del Águila de San Juan.

_ ¡Vamos muchachos! ¡Tenemos que abrir una brecha!_ gritaba el eufórico oficial_ ¡Sargento Sahndrah, por qué cojones no se abren paso!

La Sargento se acercó corriendo hasta su Jefe de Escuadrón, asustada al ver como sus compañeros caían gritando agonicamente, envueltos en llamas. Era una imagen desoladora, sus Águilas no eran capaces de abrirse un hueco entre aquellos lanzallamas. Disparaban a ciegas, debido a la casi imposible visibilidad de las ráfagas del ataque ígneo.

_ Señor estamos sufriendo demasiadas bajas, quizá deberíamos plantearnos una retirada. no podemos penetrar esa barrera de fuego. _ espetó la sargento empapada en sudor y desesperanza.

_ ¡Me cago en to lo que se menea!_ maldijo el oficial, arrancándole una de las granadas que llevaba aquella mujer colgadas del chaleco, a la que arrancó la anilla y lanzó contra la barrera de lanzallamas del enemigo.

La explosión fue tremenda. Una veintena de progre-soldados salió volando por los aires e hiriendo a no menos de cincuenta que se encontraban cerca. Dibujándose entre le fuego y el humo un agujero visible.

_ ¡Ya tiene la puerta abierta Sargento! ¡Carguen! ¡POR ESPAÑA!

Las Águilas de San Juan gritaron exaltados. Cargando hacia la brecha y entrando, por fin, en combate.
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22 de abril de 2007

CAPÍTULO UNDÉCIMO - Polvo, sudor y sangre.

Todos habíamos salido cagando leches de la tienda de campaña, al salir pude contemplar la catástrofe que ocasionó la explosión. A unos doscientos metros de la tienda donde nos encontrábamos pude divisar un tremendo agujero en forma de crater, tiendas incendiadas y docenas de heridos o quizás muertos, esparcidos por el punto de impacto del proyectil. Ya lo había visto muchas otras veces, sin duda se trataba de un mortero, estas armas alcanzan una distacia de unos cuatromil metros causando daños terribles. Sería dificil llegar hasta ellos porque se encontrarían a la retaguardia del enemigo como fuego de apoyo.

Ahora lo que primaba era pillarse un buen equipo para la batalla, así que como el resto de mis tres compañeros me dirigí corriendo al improvisado almacen de municiones, una inmensa tienda de lona en la que se guardaban las armas y la munición a modo de polvorín o santabárbara. Sorteé algunas tiendas y encontré la tienda. Mis compañeros ya estaban dentro. Al entrar el capitán Daniel me lanzó un arma.

_ Lo de siempre, ¿no? jeje

_ Gracias, jeje ya me conoces...

El arma que me habñia lanzado era mi favorita, la que siempre usaba: El subfusil alemán MP5, una birguería de ametralladora con una cadencia de fuego de ochocientos disparos por minuto y con cargadores de treínta proyectiles de capacidad. Una lindeza cargada por el mismisimo diablo. Asimismo me hice con munición para mis dos revólveres S&W 60 del calibre treinta y ocho, un chaleco que me puse bajo mi chupa de cuero negra y un par de granadas Mk 2-A1 estadounidenses.

_ Mucha suerte chicos, y dadles caña _ nos deseó a todos la Comandante Maya.
_ Igualmente Comandante_ contestamos todos a la vez.

Tras esto salimos fugaces del polvorín. Las mujeres se separaron y el capitán Daniel se quedó a mi lado. Corríamos a través del campamento a campo abierto con todas las escuadrillas, entre gritos de oficiales enfurecidos dando órdenes a sus hombres. Daniel y yo corríamos con miles de soldados de la república, para el encontronazo de lleno con el enemigo. A medida que recorríamos el trecho que nos separaba, iban cayendo innumerables hombres a nuestro paso, víctimas de los impactos de balas que silbaban muy cerca de nuestros cuerpos. Las que no impactaban en nuestros hombres se perdían entre la multitud, yo mientras corría rezaba a nuestro señor porque no sucediese lo primero y por el bien de España. Y al fin alcanzamos una inmensa duna que no serviría de apoyo y defensa. La subimos casi sin aliento, y nos tiramos en la cima con nuestros fusiles. Y empezó la descarga.

Empecé a disparar a todo blanco que se pusiese a tiro, primero cayo uno, después dos y luego cuatro. Daniel me llevaba ventaja, siempre había disparado mejor que yo, para que nos ibamos a engañar. Era cuestión de segundos que nos alcanzasen, así que esperamos el combate cuerpo cuerpo aniquilando a soldados de la R.P. hasta su llegada.

Y llegaron...

***

Mientras en otro punto de la batalla, el coronel Espantapájaros y sus Leones de Ambioleto ataviados de trajes marrón caquí, cargaban contra el enemigo equipados con sus famosos lanzagranadas RPG-76. Una fila de 20 hombres desplegados en primera fila se postraron en la tierra apuntando con sus bazookas a una división de tanques M1 Abrams compuesta de 4 vehículos.

_ ¡Apunten muchachos!_ gritó con su potente garganta de líder, el coronel. _ Esperen, un poco más... un poco más...

Los tanques los habían detectado y viraban sus cañones hacia los Leones que insensibles al miedo, observaban tranquilos a las bestias de acero que amenazaban con volarlos por los aires.

_ ¡¡¡¡¡¡FUEGO!!!!!

Veínte misiles salieron disparados, estrategicamente ordenados para abatir a los cuatro colosos metálicos. Cinco misiles por carro de combate. Tres de ellos chocaron contra uno de los vehículos haciendolo saltar al mismo cielo, al igual que los otros tres que habían sido alcanzados por alguno de los quince proyectiles restantes. Los Leones de gritaron de euforia ante el éxito, haciendo gala de porque se llamaban leones, sus gritos no eran sino los rugidos del rey de las junglas africanas. Asi pues, todo el batallón de leones avanzó triunfante hacia el frente.