Año 2017 de nuestra era.
Tras nefastas acciones políticas de la Izmierda nuestra patria vive inmersa en una guerra civil. Todo lo que antaño fuese digno de amar en nuestra convulsa nación ha quedado reducido a cenizas, dejando paso a un nuevo periodo en nuestra ibérica historia: MAZP MAX
Mostrando entradas con la etiqueta Capítulo 2. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capítulo 2. Mostrar todas las entradas

13 de abril de 2007

CAPÍTULO SEGUNDO - Un encuentro deseado. (II)

_ ¿Hace cuánto tiempo que has llegado, Daniel?
_ Llevo aquí tres días, esperándote en esta madriguera de conejo. Te perdí la pista hace más de dos semanas, creí que habías caído. Informe de ello al Cuartel General del MAZP, y me dijeron que continuase sólo la misión, pero algo me decía que te esperase, que no habías muerto, ya ves que no me equivoqué. Coge esto, ¿quieres?
_ ¿Qué es?_ Sostuve lo que parecía una tarjeta de crédito, examinándola por ambos lados, sin vislumbrar para qué serviría.
_ Es la nueva Cardlock 3-C, una llave. Abre las puertas de nivel 3 y 4.
_ ¿El Cerrajero?
_ Me encontré con él hace una semana, bueno más bien me encontró el a mí...
_ Este tipo está en todas partes, a veces parece el mismo Dios con su misteriosa omnipresencia.
_ No intentes comprenderlo, es inútil, él domina secretos que pocos conocen, e intentar averiguarlos es tarea imposible.
_ No estoy para acertijos. En fin, cuéntame, ¿qué has averiguado?
_ Poca cosa. En esa base hay algo extraño: no sale, ni entra nada, ni nadie. Algo traman Romeo...
_ ¿Crees que nos esperaban?
_ Eso me temo, ¿qué plan propones?

Por un momento me quedé pensando, la entrada era imposible por cualquier parte, las murallas medían no menos de quince metros, la idea de escalarlas se descartaba por sí sola. De repente, me acordé de los dibujos animados de cuando era niño, propios de la Warner Bros.

_ Veo que se te da bien eso de cavar agujeros...
_ Ohhh jaja... ya veo, pues esperemos a que anochezca, les será más difícil vernos.


Mientras en la República de Guadalmecín...

_ ¿Qué sabemos de los capitanes Daniel y Romeo?
_ Mi señor, desde el Cuartel General del MAZP, nos informan de que el Capitán Romeo...
_ Vamos, no titubees, por las barbas de Rajoy ¡habla maldita sea!
_ Cabe la posibilidad de que haya caído, señor, en cambio el Capitán del escuadrón balear, Daniel, continúa la misión.
_ Maldita sea, eso no es posible...
_ ¿Qué ordena mi General?

La cosa se ponía fea. Dos de los mejores hombres del MAZP habían partido del desierto central, y ahora corrían los segundos con la probabilidad de que uno de ellos hubiese caído. No podía abandonar al capitán Daniel a su suerte, por un lado no dudaba de su fuerza y coraje pero por el otro, se trataba de un hombre contra una base entera. El escepticismo se adueñaba de él por instantes. Pero había una solución. Ella podría ayudarles...

_ Llámele, y dígale que parta esta misma noche...
_ ¿Se refiere a la comandante Maya, presidente?
_ Sí, ¿a qué espera? ¡Corra!
_ Sí, señor presidente, en seguida.

Aún nada estaba perdido.

<<<>>>

CAPÍTULO SEGUNDO - Un encuentro deseado. (I)

Desierto del Sur. En algún lugar próximo a Sevilla. 12:03 AM

El calor es infrahumano, apenas puedo cargar con el equipo como apenas puedo caminar. El desierto lo inunda todo a su paso y para poder beber agua o bien cavamos un pozo o bien hay que esperar a las lluvias, no muy frecuentes por la zona sur de la península en la que vago ahora, intentando cumplir mi misión.

La misión que ahora me dispongo a llevar a término es acercarme a una de las pequeñas bases de la R.P. para inspeccionar sus reservas de energía para un posible sabotaje en cuánto lo creamos posible, después he de regresar a Guadalmecín, el último de los pueblos libres de la España, e informar a su sabio presidente, el general Claudedeu. Un hombre erudito y bien formado en las artes de la guerra así como del gobierno de lo que antaño fuesen unas tierras ricas en recursos y pobladas de buenas gentes, pero ante todo es un aliado y un amigo.

Además estaba esperando el contacto con el capitan del escuadrón balear, Daniel, que hacía tres semanas que ambos habíamos partido en solitario para recoger datos de la zona, pero también hacía una semana que debíamos habernos encontrado, sino contactado al menos.

Revisé la radio solar, otra cosa no pero la batería siempre estaba cargada gracias al imperante sol abrasador, el poblema era que la radio, así como el resto del equipo, no se estropease por la arena, que se metía por todas partes. Aún así he tenido suerte y no he sufrido ninguna tormenta de arena desde que partí. Y aunque la radio está operativa no puedo usarla ahora, estando tan cerca como estoy de la base de la R.P. La cuestión es que no puedo alejarme debido a mi estado de deshidratación, pero tengo que encontrarme con el capitán Daniel antes de mañana o mi misión habrá fracasado.

Me encuentro en la cara osculta de una inmensa duna situada a tres kilómetros dirección sur oeste de la base del enemigo. Con los prismáticos puedo ver la entrada, un portón forrado de hojalata custodiado por dos torres situadas a ambos lados de la puerta. Además no cuento menos de 12 hombres ocupando las murallas. La entrada parece imposible pero debo echarle huevos o seré pasto de las mangostas y buitres.

Así pues, me propuse deslizarme sobre la tierra abrasadora los tres kilómetros que me separaban de la base enemiga. Empecé a arrastrame sobre el terreno con mi escopeta recortada en mano derecha y los prismáticos en la siniestra. Cada movimiento era un suplicio, pero pronto conseguí avanzar a buen ritmo y me resultaba más fácil moverme. Avanzaba cada vez más y más rápido, metro a metro, tramo a tramo cuando derrepente oigo un crujido trás de mí y noto la presión en un tobillo de una mano que me agarra con fuerza hacia abajo, con lo que el falso suelo de arena por el que reptaba se derrumba bajo mi cuerpo y caigo en lo que parece una madriguera. Mientras caigo empuño mi arma y apunto hacia atrás con la intención de volarle los sesos a quien me ha asaltado. Al darme la vuelta lo veo y me quedo inmovilizado.

_ ¡Te pillé! _ dijo aquel hombre mientras sonreía.
_ ¡Daniel!

<<<>>>