Año 2017 de nuestra era.
Tras nefastas acciones políticas de la Izmierda nuestra patria vive inmersa en una guerra civil. Todo lo que antaño fuese digno de amar en nuestra convulsa nación ha quedado reducido a cenizas, dejando paso a un nuevo periodo en nuestra ibérica historia: MAZP MAX

28 de diciembre de 2007

NOTAS DEL CORONEL (I)

Son escasos y simples mis recuerdos de la Compañía Spencer. Las experiencias, nulas, salvo que dentro de ellas se considere el haber comprado alguna vez sus aspirinas. Sí retengo en la memoria, no obstante, el logotipo de la empresa, un aspa roja sobre fondo circular verde, y su omnipresencia publicitaria, con decenas de anuncios y promociones.

En cuanto a las famosas leyendas sobre la empresa, solían ser muy malintencionadas o meros bulos, pero, a veces, no carecían de fundamento. A principios de 2008, unos campesinos airearon a la prensa un desagradable hallazgo. A golpe de pala, habían encontrado una especie de fosa común... En contra de lo que ellos creyeron, no acumulaba muertos de la Guerra Civil (que era lo que buscaban, al haber financiado el Gobierno este tipo de grotescos cazadores de tesoros), sino muertos muy recientes. Los veinte cadáveres--varones y de igual complexión--estaban todos descabezados y tenían borradas las huellas dactilares. Muchos imaginaron entonces que se trataba de clones creados y despreciados, dado que tenían algún defecto, por la Compañía Spencer, que poseía una de sus manufacturas a unos cuatro kilómetros de la fosa.

Por supuesto, el rumor se desinfló pronto. No tenía sentido que una empresa todopoderosa hubiese enterrado así a sus experimentos fracasados, pudiendo quemarlos o hacerlos desaparecer por otros medios. Pero la sospecha de que eran clones se mantuvo durante cierto tiempo, y más cuando era el tema candente en aquellos días. Las investigaciones policiales en torno a los veinte cuerpos se interrumpieron para siempre en el momento del cataclismo.

Los documentos en nuestro poder relacionados con las actividades de la Compañía Spencer y su producción de clones no arrojan luz sobre este horrendo y misterioso caso. Sin embargo, visto lo visto en la actualidad, es muy posible que, en efecto, fueran clones arrojados a la basura, por así decir.

También tuvieron en su día alguna repercusión dos libros del doctor T. Leyland, personaje citado en el informe. Ensayos sobre el derecho a la vida y No temamos a la clonación eran dos recopilaciones de artículos del doctor en periódicos y revistas, atendiendo a propósitos divulgadores y científicos. Que el segundo de los libros (publicado a finales de 2007) estuviese prologado por un alto cargo del Partido Socialista fue un indicio más del matrimonio de conveniencia que se había celebrado entre los socialistas en el Gobierno y la Compañía Spencer, al modo de lo sucedido con el mítico Grupo PRISA.

20 de diciembre de 2007

Diario del soldado Aguador (III)

La Jonquera, Gerona. 4 de noviembre de 2017 del calendario antiguo. Hora indeterminada.

Eso era. El soldado Aguador no estaba allí. Perfectamente asimilada la enseñanza del Agente Especial Asomado, el soldado Aguador se aferró a ese recuerdo bonito llamado Soldado Pere. Algunas lenguas envidiosas decían que ella era la protegida del Coronel Zapataplús, pero luego se vio que no, que si había llegado a donde había llegado fue por más que sobrados méritos propios. Coincidieron brevemente en el campo de entrenamiento de Operaciones Especiales del MAZP. Ambos llevaban ya un tiempo luchando contra los progres y el mando consideró que ya estaban lo suficientemente capacitados para entrar a formar parte de «cosas mayores».

Aunque al final formaron una familia todos ellos (el duro entrenamiento siempre une más de lo que podría parecer), el primer encuentro entre la Soldado Pere y el Soldado Aguador no fue muy glorioso que digamos. Él trataba de vencer su timidez en el primer día de campamento. Fue el primero en llegar y se autodesignó «comité de recepción» de todos los demás. Iban llegando poco a poco, con cuentagotas. Así que cuando ella llegó, el intercambio de saludos fue más o menos éste

—Hola, ¿qué tal? —dijo, amistosamente él.

Ella, sin mirarle, respondió un seco:

—Bien.

El Soldado Aguador ignoró el tono e insistió en hacerse el simpático.

— ¿Qué, vivimos para el MAZP, eh? —le dijo, intentando iniciar una conversación.

La Soldado Pere le clavó brevemente una mirada taladrante de las suyas, y torciendo el gesto, respondió:

— ¿Qué, vivimos para dar el coñazo, eh?

La respuesta provocó en el Soldado Aguador un estado de shock temporal: quedó más aplastado que un soufflé de gambas y sintió que había metido la pata hasta la ingle. No se hablaron durante una semana. Además, en dos palabras se podía condensar lo que en esos momentos pensaba el uno del otro. Si a ella le hubiesen pedido que definiese a su camarada Aguador, ella hubiera dicho: «Payaso y gilipollas». Y si hubiesen hecho lo propio con Aguador, él hubiera contestado: «Arrogante y estúpida». De hecho, él no habló con nadie durante una semana. Ella siguió su curso natural y él se concentraba exclusivamente en el aprendizaje. Luego, en uno de los ejercicios del entrenamiento le correspondió emparejarse con ella; a partir de ese día ya se estableció una corriente de simpatía entre ellos. Ya eran camaradas, como con todos los demás. Y el grupo se había convertido en algo físico, tangible, compacto. Incluso el Coronel Zapataplús, en una breve visita que hizo al campamento, se mostró gratamente sorprendido por el nivel de camaradería alcanzado por el grupo. En la arenga que el Coronel les lanzó, sus palabras resonaban vibrantes y llenaban de electricidad a los miembros del campamento:

— ¡Soldados! La Resistencia se siente orgullosa de vosotros. Habéis alcanzado un nivel inimaginable en vosotros hace escasamente un año. Pero habéis trabajado duro y a la vista están los resultados: os habéis convertido en una unidad de élite de la Resistencia. ¡Sois los mejores! Llegarán días duros, ¡os lo garantizo! Pero la energía, la fuerza y la camaradería que percibo aquí entre vosotros irá allá donde vosotros vayáis, en todo momento os acompañará y no permitirá que desfallezcáis ante ninguna adversidad.

El Coronel se detuvo un momento, para percibir la corriente de energía que se había generado entre los miembros del MAZP. Luego, prosiguió:

—Recordad que el enemigo no descansa nunca. Y, ante todo, no perdáis el humor —los soldados sonrieron brevemente—. El humor es muy importante en esta guerra que estamos librando contra la R.P. Es nuestra arma secreta —recalcó bien las palabras—, con la que la R.P. no cuenta para nada. Y eso será lo que les haga perder la guerra. Pero no hay que adelantar acontecimientos. De momento, sabed que el mando está enterado de que vuestra preparación es excelente y que se os tiene en gran estima. Así, pues, gritad conmigo: ¡La cabeza!

— ¡Alta! —contestaron a una los soldados—.

— ¡Los ojos! —gritó el coronel—.

— ¡Abiertos! —respondió la tropa—.

— ¡Las manos! —incitó por última vez el Coronel—.

— ¡Empuñando la libertad! —todos a una, el Coronel también.

Con este pronunciamiento solemne del lema y después de saludar militarmente terminó la visita del Coronel Zapataplús.


* * *

Ah, el humor... La consciencia regresó por un instante al cuerpo. Volvió a ver el retrato de la histérica Pilar Bardem cabalgando infatigable en la pared. ¡Dios, cómo le dolía todo! Pensó un momento en su amigo el Capitán Daniel, recientemente ascendido a Comandante y enviado a Alemania en misión especial. Pensó en la esposa de éste, María, y en Danielín, su hijito de corta edad (¡ya había cumplido cinco añitos la criatura). Recordaba muy bien que hablando una larga tarde de verano, Daniel había decidido incorporarse al MAZP. Su mujer expresaba cierto temor:

—Daniel, ten cuidado con lo que haces. Puede traernos problemas, sobre todo al niño.

Daniel, después de reflexionar unos segundos muy largos, dijo lentamente:

—Si no lucho por aquello en lo que creo, ni nosotros ni él tendremos futuro. Y hoy, la posibilidad de defender ese futuro está en el MAZP.

María suspiró. Sabía que cuando Daniel hablaba con cierto tono y en cierta manera, no había nada que discutir. El soldado Aguador permaneció en silencio, puesto que no era aquella discusión la más propicia para terciar. María habló después de un silencio, sopesando muy bien las palabras. Sabía que debía expresar sus sentimientos, pero sin herirle.

—Daniel, sé que nos esperan tiempos difíciles. No me es fácil comprender por qué nos tienes que abandonar precisamente ahora. No se te ha perdido nada en ninguna guerra. Cuando me casé contigo esperaba vivir por siempre una vida tranquila, trabajando cada uno en lo nuestro y cuidando y viendo crecer a nuestros hijos. Parece que los tiempos se nos vuelven en contra. Pero ve, lucha por aquello en lo que crees y vuelve. Nosotros dos estaremos aquí, esperándote.

Daniel se emocionó al oír estas palabras de su mujer y la abrazó. Sintió claramente cómo ella extendía su amor sobre él para que le protegiera de todo mal. También abrazó a Danielín. Éste, muy avispado ya para su edad, le preguntó:

—Papá, ¿qué es la guerra?

Todos los presentes y en especial Daniel, sintieron un nudo en la garganta. Daniel, tragando saliva e impidiendo que una lágrima tonta resbalara sobre su rostro, le dijo:

—Danielín, la guerra es algo —la voz se le velaba, pero consiguió continuar— … que papá va a hacer ahora para que tú no tengas que hacerlo nunca más.

Danielín le miró sin comprender, pero se abrazó a su madre en cuanto vio que ésta empezaba a llorar.

* * *


Era interesante que el Soldado Aguador hubiese recordado eso del humor. El Jefe y el Bruto ya llevaban varias horas de interrogatorio y sólo habían conseguido unas expresiones placenteras, cuando no el silencio absoluto o un intento de risa. Por fuera, el soldado Aguador estaría hecho un guiñapo; pero por dentro estaba completamente entero. El Jefe y el Bruto estaban desesperados con él porque ya no era capaz de articular aparentemente una palabra coherente. El Bruto estaba cabizbajo, mientras el Jefe recorría furioso la habitación:

Tota aquesta estona que portem amb ell, i no ens ha dit una punyetera merda! —bramaba, desesperado—. I què collons diré jo a Barcelona quan sàpiguen que no he pogut amb un membre del MAZP? O a Madrit? Bé, als de Madrit que els bombin. Però als d'aquí... ai, als d'aquí! M'enviaran al Camp de Reeducació d'Olot a omplir informes.(1)

En ese preciso momento se dieron cuenta de que el soldado Aguador, todavía medio inconsciente, mostraba una sonrisa de oreja a oreja.

El Jefe le miró.

— I tu, què tens ara? —casi escupió las palabras—.

El soldado Aguador intentó sonreír, pero ya no podía. Empezó a balbucear unas palabras, al principio incomprensibles. El Jefe ordenó al Bruto:

Vinga, un tros de paper, i apunta tot el que digui!(2) —gritó—.

Però… senyor… jo no en sé, de castellà(3) .

Esto detuvo una milésima de segundo al Jefe.

És clar, és clar. A la República ja no s'ensenya castellà als pobres des que es va suprimir al 2010. Bé, és igual. Ja en prendré jo, de nota(4).

Prestaron atención a lo que el soldado Aguador trataba de balbucear. Tenía los labios hinchados por la deshidratación sufrida antes y durante el interrogatorio. Pero el hecho cierto era que los movía y por eso el Jefe, armado ahora con papel y lápiz, trataba de descifrar lo que decía el soldado Aguador, en su inconsciencia. Las palabras que decía quedaron así, más o menos…

« ¿Queréis… problemas? Pues escuchad… nuestro… lema… Para proteger… al mundo de la… devastación… Para unir a todos los… pueblos en una sola nación…—el Soldado Aguador se detuvo un momento, por el gran esfuerzo realizado— Para denunciar… a los enemigos de la verdad… y el amor… Para extender nuestro… poder más allá del espacio… exterior…. ¡Jessie!... ¡James!... El Team Rocket despega… a la velocidad de la luz. ¡Rendíos ahora… o preparaos para… luchar…».

El Jefe sonrió. Ya tenían tres nombres: el de un equipo llamado Team Rocket y el de sus dos colaboradores, unos tales «Jessie» y «James».

El soldado Aguador trató de reírse, pero sólo le salió una tos convulsa. El Bruto, que intuyó correctamente que se burlaba, le propinó un bofetón tal que, ahora sí, el soldado Aguador quedó inconsciente.

El Jefe exclamó, tras comprobar que estaba realmente sin sentido:

Imbècil! Li has fotut massa fort!(5)

El Bruto trató de disculparse.

Però, senyor... jo...(6)

Res de peròs —cortó en seco el Jefe, añadiendo con un tono helado—. Has infringit el paràgraf 3 de l'article 422 relatiu del Codi Policial de la República, relatiu al tractament dels presoners als interrogatoris, i que estableix que es procurarà mantenir mínimament conscient per tots els mitjans al presoner sempre que aquest pugui subministrar una informació útil. Demà et presentaràs a les vuit del matí amb l'equip complet. Farem una mica d'instrucció i et refrescaré el Codi, d'acord?(7).

Pero aún no se habían percatado de la magnitud de la broma que les había gastado Aguador.




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  1. ¡Todo este rato que estamos con él y todavía no nos ha dicho una puñetera mierda! ¿Y qué cojones voy a decir yo en Barcelona cuando sepan que no he podido con un miembro del MAZP? ¿Y en Madrid? Bueno, a los de Madrid que les jodan. Pero a los de aquí… ¡ay, los de aquí! Me enviarán al Campo de Reeducación de Olot a rellenar informes.
  2. ¿Y a ti qué te pasa ahora?
  3. Venga, un trozo de papel y apunta todo lo que diga.
  4. Pero, señor… yo no sé nada de castellano…
  5. Claro, claro… En la República no se enseña castellano a los pobres desde que se suprimió en el año 2010. Bueno, es igual. Tomaré yo nota.
  6. ¡Imbécil! Le has dado demasiado fuerte.
  7. Pero… señor… yo…
  8. Nada de peros. Has infringido el párrafo segundo del artículo 422 del Código Policial de la República, relativo al tratamiento de pesos en los interrogatorios, que establece que se tratará por todos los medios posibles de mantener al interrogado en estado de conciencia mínimamente plena a los efectos de que pudiera suministrar una información útil. Mañana te presentarás a las 8 de la mañana con el equipo completo. Haremos un poco de instrucción y te refrescaré el Código. ¿De acuerdo?

18 de diciembre de 2007

Diario del Capitán Daniel (VII): Navidad

Girona, 24 de diciembre de 2017.
La avenida estaba desierta. Solamente una patrulla de mossos soportaba el frío nocturno para mantener la vigilancia de las calles de la ciudad, que parecía muerta después del toque de queda. Cuando doblaron la esquina tres siluetas furtivas cruzaron la calle en silencio y se refugiaron en un portal. Uno de ellos tocó el telefonillo: Piso 3º B.
- ¿Quién es?
- Somos corrutos e inetos.
Era una de las contraseña del MAZP. Al otro lado del telefonillo se hizo un largo silencio. Después la voz volvió a hablar:
- ¿Cuántos sois?
- Dos y un herido.
- Subid.
Heródoto abrió la puerta. Eran Romeo y Daniel, con un aspecto lamentable, sucios y mal afeitados. Romeo lucía un aparatoso vendaje en la cabeza, pero parecía entero, cargando sobre sus hombros el cuerpo inconsciente del soldado Aguador.
- Shhh... Pasad sin hacer ruido. -Heródoto desconfiaba de la vecina de en frente, siempre pegada a la mirilla. Si un día a la vieja le daba por denunciarle acabaría con sus huesos picando piedra en el Camp de Reeducació Nacionalista de Olot. Daniel y Romeo tumbaron a Aguador en el sofa.
- Lo sacamos ayer de la comisaría de La Jonquera -explicó Daniel- Le habían dado una paliza de muerte, pero no ha soltado prenda. Eso sí, los libros no los hemos podido recuperar.
- Me conformo con haber salido vivo de allí -dijo Romeo señalandose el vendaje.
- Bueno, hasta mañana no puedo conseguir un médico. Intentad reanimarle, he preparado la cena de Nochebuena.
La Navidad ya no se celebraba en España. El gobierno progre la había abolido por ser considerada una celebración fascista, en Andalucía, ocupada por Marruecos, se había impuesto la sharia, y en Cataluña el gobierno revolucionario prohibía toda manifestación cristiana navideña excepto el caganer.
Heródoto fue a la cocina y regresó con cuatro platos de sopa con una suculenta albóndiga flotando en ella. Daniel y Romeo, que llevaban semanas sin comer caliente sintieron como rugían su estómagos.
Al oler la comida, Aguador abrió sus amoratados ojos e intentó incorporarse.
- Dadme un poco de esa sopa, joder.
- ¡Feliz Navidad!
Comieron en silencio y recuperaron el buen humor. Después Heródoto trajo turrón de Jijona (lo había conseguido a precio de oro en el mercado negro) y una botella de vino que no pudieron abrir. La navaja multiusos de Romeo había acabado clavada en la frente de uno de los mossos que custodiaban a Aguador. Recordaron los momentos más complicados del rescate de Aguador entre risas, pero el ruido de unos gritos en la calle les interrumpió:
- ¡Apaga la luz del puto árbol de Navidad, por Dios! -ordenó Heródoto, precavido.
Se acercaron a la ventana para observar la calle. Los mossos perseguían a alguien que se atrevía a incumplir el toque de queda. "Aturi´s!" gritaban los policías. Desde la persiana entornada vieron a un hombre vestido de Papá Noel corriendo calle abajo. De repente, sonaron varios disparos y el hombre de rojo cayó al suelo, desparramando los regalos por el empedrado. Los mossos llegaron segundos después. Uno de ellos sacó una pistola de su cinto y le remató en el suelo.
- Qué hijos de puta -dijo Romeo entre dientes, conteniendo la rabia.
- Voy a por el anís.
...

17 de diciembre de 2007

Capítulo nº 18 - Frío, mucho frío...

El soldado Katzelian se limitó a moverse de manera estática para impedir la hipotermia, patología que suele acompañar al incauto que habita en zonas a veintitrés grados centígrados bajo cero. El soldado Katzelian como tantos otros se trataba del tipo de soldado que trabajaba por amor al arte, y si además, esto le permitía promocionar, mataba dos pájaros de un tiro. Tenía por costumbre aceptar las misiones que nadie quería ya por lo desagradables o por difíciles. Y no sólo aceptaba las que le ofrecían si no que además se presentaba voluntario a las que no le correspondían. Katzelian era solo un ejemplo de fallo burocrático del MAZP, esto sumado a que el soldado poseía el don de la prudencia, le impedía destacar entre los miles de soldados del clan.

Aquella noche hacía un frío distinto al habitual en el Pirineo catalán, soplaba una brisa gélida que helaba cualquier atisbo de calor humano. La zona de los Pirineos increíblemente había pertenecido a la fuerza MAZP antes, casi, del cataclismo. El acceso a la cordillera era tan abrupto y complicado que ningún regimiento de la R.P. había conseguido sortearlo, al menos ninguno con vida. Normalmente este destino lo otorgaban como castigo, solían concedérselos a aquellos soldados que tenían por hobby tocarle los huevos a algún oficial. No era el caso de Katzelian, que suplicó a su superior que lo destinara allí para poder curtirse como hombre del MAZP. Al oficial le parecía absurdo sufrir por sufrir pero admiraba el empeño del soldado, así que no tuvo más remedio que satisfacer sus deseos. Por otro lado, sí era el caso del soldado Psoeterrorista, que fue enviado a los Pirineos a cumplir penitencia por una falta que no reveló a su compañero en el mes y medio que llevaban allí atrincherados.

Los dos soldados no se llevaban muy bien entre ellos. El soldado Psoeterrorista se mostraba con actitud displicente ante el intento continuo de Katzelian por agradar, pero las conversaciones siempre terminaban mal. Normalmente éste último, Katzelian, acababa mandando a freír espárragos a su compañero.

_ Esta noche hace un frío especialmente desgarrador... _dejó caer Katzelian.

_ Si tú lo dices... _contestó su compañero sin ganas.

_ Hoy te toca a ti hacer la guardia por radio, no creo que haiga nada mas entretenido que hacer en este maldito lugar.

_ ¿Haiga? ¡Ohh, Dios mío! Pero, ¿quién te enseñó a hablar? Felicidades acabas de patear el diccionario de la extinta Real Academia Española, ¡tarugo!_Corrigió Psoeterrorista sin ningún tipo de tacto.

_ ¿Sabes una cosa? Llevo casi dos meses aquí contigo y siempre me has ocultado el motivo por el que te destinaron a este lugar. Creo que empiezo a sospecharlo: Eres un especialista en tocar los cojones._contraatacó Katzelian, tras lo que se retiró hacia la cabaña a largas zancadas.

Una vez hubo entrado Katzelian en la cabaña, su compañero dio una patada a un pequeño montículo de nieve maldiciendo su metedura de pata. Resopló en aquella helada noche de diciembre, y advirtió como su aliento se convertía en un denso humo que salía, pesado, de su boca. El tiempo volaba, en un par de semanas sería Navidad. Desde el cataclismo de hacía casi 11 años, no recordaba ninguna Navidad agradable o digna de la que acordarse. La mayoría de los hombre del MAZP tuvieron que elegir entre sus familias y el intentar restaurar la paz en nuestra patria. Una vez ingresabas en el clan, tu familia quedaba atrás, era un precio alto a pagar. Pero la cosa funcionaba al igual que una inversión o al menos es lo que todo demócrata trataba de abstraer. De todo este maldito trabajo se esperaba sacar algún rendimiento, un beneficio: la restauración de la libertad democrática, en definitiva.

Psoeterrorista, miró a su alrededor, intentando recobrar algún sentido a su oficio libertario, e intentando equilibrar su impotencia con lo agradable del paisaje. Si no fuera por el frío, lo cierto es que el lugar era francamente hermoso. Un manto blanco cubría el terreno por doquiera que uno posara la mirada. Decenas de abetos clavados con gracia, decoraban el paisaje de montaña como si el mismo Dios se hubiese detenido a pintar aquel lienzo con demostrada lucidez.

De repente algo llamó la atención del soldado del MAZP, algo que creyó vislumbrar entre los árboles interrumpió su paz. No lograba ver bien, pues lo que creía moverse entre lo profundo del bosque, se alejaba de la luz que escupían los enormes focos recogidos en los altos postes que circundaban el pequeño puesto de vigilancia de alta montaña del MAZP. No se lo pensó dos veces se colocó sus gafas de visión nocturna, cargó su pistola semiautomática y bajó por la escarpada yendo de abeto en abeto para cubrirse. Oyó pasos en la nieve unos metros mas adelante. Asomó la cabeza por la derecha del abeto con el que se cubría, y lo que sus ojos vieron lo dejaron aún más helado de lo que ya estaba. No eran menos de treinta, cuarenta o incluso cincuenta progresoldados. Varios de ellos portaban lo que parecía un frigorífico del tamaño de un ataúd. ¿Qué hacían aquí estos progresoldados y qué es eso tan importante que trasportan como para ser escoltado por tantos hombres? Esto se ponía feo por instantes. Psoeterroerista conectó su intercomunicador.

_ Katzelian, Katzelian... Aquí Psoeterrorista... Cambio _tras comunicarse con la voz más baja que puedo entonar, la única respuesta que alcanzó a oír fueron las interferencias y los residuos de eco-frecuencia. Volvió a intentarlo_ Katzelian, aquí Psoeterrorista... ¿Dónde cojones te has metido? Contesta maldita sea...

No había señal. Sigilosamente optó por acercarse más al batallón de giliprogres. Se puso de cuclillas y seguidamente se deslizo como una serpiente por el suelo helado, a los pocos segundos notó como se le helaban el abdomen y los muslos al contacto con la nieve, así que no tardó en temblar de frío. Lo que más temía era un encuentro fortuito con su peor enemiga: la hipotermia. Siguió bajando y se acomodó detrás de un tocón podrido y cubierto por la maleza. El grupo de progresoldados se detuvo en seco tras las órdenes de un oficial. Psoeterrorista creyó reconocerlo.

_Vaya, vaya... Si tenemos al mismísimo Cid rojo en persona. _ susurró en una voz a penas audible._ Tengo que fotografiar esto...
Con mucho cuidado sacó una cámara digital del bolsillo de su chaleco, y dirigió el zoom hacia el Cid Rojo. Las manos le temblaban convulsivamente y era incapaz de hacer una foto decente. Alargó el brazo hasta su pantorrilla y agarró su machete de combate. Lo clavo en el tocón a la altura que creyó conveniente y posó sobre la hoja del cuchillo la cámara. Gracias al punto de apoyo la cámara no volvió a temblarle en las manos. Ahora sí, enfocó bien la imagen de aquel oscuro oficial y lo fotografió varias veces. Después dirigió el aparato hasta la cámara frigorífica e hizo otras tantas más.

Cuando ya estaba por irse oyó un crujido tras su espalda, cuando fue a girar la cabeza. Oyo como alguien le quitaba el seguro a un fusil de asalto.

_ No te muevas maldito facha o te hago un agujero en la cabeza para que respires mejor. _ le dijo un progresoldado sin dejar de apuntarle con su rifle.

_ De acuerdo, no dispares, tranquilo_ al mismo tiempo que hablaba deslizó su mano agarrando el machete que se encotraba clavado en la madera muerta.

_Muy bien levántate, sin sorpresitas o te mato cerdo.

El soldado del MAZP comenzó a girarse hacia el giliprogre y con la velocidad de la centella y la precisión del que teme por su vida, lanzó su puñal al pecho del enemigo. El machete penetró tela y carne como si fuesen mantequilla.. El progresoldado se tambaleó intentando agarrarse el pecho a la vez que intentaba apuntar al hombre del MAZP.

Psoeterrorista esperó que se desplomase sin llegar a abrir fuego, para que no llamase la atención del resto del escuadrón situado unos pocos metros más abajo.

_Vamos cáete cerdo, vamos... _ el progresoldado sacó fuerzas de donde no las había y mientras escupía sangre por la boca, apunto a Psoeterrorista con una sola mano consiguiendo fijar el blanco._ ¡Mierda!_ maldijo a la vez que sacaba rapidamente su pistola para rematar al progresoldado.

El disparó fue certero. Le disparó en plena cabeza, con la mala suerte de que el progre soldado también se cobró su parte. El giliprogre había soltado una ráfaga acertándole de lleno en la pierna derecha. El ruido de los disparos alertó al batallón de progresoldados y en nanosegundos empezaron a oírse gritos de órdenes y pasos que se acercaban hacia la posición de nuestro hombre, que herido ya había echado a correr hacia el puesto de vigía.

15 de diciembre de 2007

Diario del Soldado Aguador (II)

La Jonquera, Gerona. 4 de noviembre de 2017 del calendario antiguo. 4:30 de la madrugada.

En aquella mugrosa Comisaría de fronteras de los Mossos d'Esquadra el tiempo iba pasando muy lentamente. El soldado Aguador aguantaba el interrogatorio: hasta el momento, el Jefe y el Bruto, aparte de unas cuantas uñas de las manos y de los pies, sólo le pudieron arrancar el reconocimiento de que pertenecía al MAZP. Eso era algo que ya sabían porque la llamada que había recibido El Jefe venía precisamente de la mismísima presidenta Ruby Marmolejo, o sea, altas esferas. «Si es del MAZP, tratadle con un cariño especial. Ya me entiendes». Y en ésas andaban.

—Así que del MAZP, ¿eh? —comenzaba el Jefe, con una ironía que no podía esconder el placer de lo que iba a venir después—. Muy bien, ¡muy bien!, pardalet. Vamos a ver lo que eres capaz de cantar. Veremos si tu entrenamiento es tan bueno como dicen los que os han visto en acción.

El soldado Aguador no pudo reprimir un leve estremecimiento.

— ¿Qué, nos ponemos nerviosos? —siguió pinchando el Jefe, esta vez acariciando las palabras, como un dentista antes de usar el torno—. Pero si aún no hemos empezado, pardalet. Espera a tener verdaderos motivos para tener miedo.

«¿Verdaderos motivos? ¿Qué habrá querido decir este sádico vestido de uniforme?». Se preparó mentalmente para el interrogatorio. Recordó que, durante el entrenamiento, el Capitán Romeo les había dicho que podría llegar este día. Que podrían ser apresados por el enemigo, que nunca dormía cuando se trataba del MAZP. Que habían puesto precio a sus cabezas y que, por tanto, eran muy valiosos. Recordó también que el Agente Especial Asomado les había instruido acerca de la manera de proceder cuando se era interrogado.

—Lo primero —el Agente Especial Asomado se sentaba en el borde de la mesa, para impartir con mayor cercanía sus enseñanzas—, abstraeros del lugar. No creáis que os tendrán en una suite cinco estrellas, no. Os tendrán en una habitación desnuda, todo lo más con un retrato de algún personaje progre, como Pedro Almodóvar o Almudena Grandes. Bueno, pues vosotros, como si no estuvierais allí, como si las perrerías se las estuviesen haciendo a algún otro. Concentraos en algo bonito que recordéis: una mujer de bandera o un top-model, el motor de dieciséis cilindros de un buen coche, una buena música (si es metal, mejor)… Todo eso os ayudará a soportar el dolor…

Mientras al soldado Aguador iban afluyendo esos recuerdos, ahora tan vitales, el Bruto conectó, uno a uno, unos electrodos a su cuerpo. «Te vamos a fundir los plomos si no cantas La Traviata, pardalet», pensó, entusiasmado. El Bruto nunca había oído esa obra maestra de Verdi. A decir verdad, ni sabía ni le importaba quién era ese Verdi; pero tuvo un instructor en la Escola de Tècniques d'Esbrinament (la R.P. catalana se distinguió siempre por su poético vocabulario), sobrino-nieto de Carod-Rovira (hizo una carrera meteórica entre lo más violento de las huestes del tío-abuelo y demostró tener facultades como instructor), que siempre machacaba a sus alumnos que «aplicando esas técnicas serían capaces de hacerle cantar La Traviata a cualquiera». Al Bruto no se le ocurrió preguntar qué era eso de La Traviata para no ganarse un arresto por exceso de curiosidad cultural; pero se prometió a sí mismo que cuando tuviera en sus manos a un miembro del MAZP le haría cantar lo que él quisiera.

Los electrodos, finalmente estaban en su sitio. El Bruto accionó un interruptor. Ahora iba a empezar de verdad lo bueno.

Llestos, senyor —anunció el Bruto, sin disimular el placer que le producía todo aquel ritual. Le hubiera encantado saber que en La Traviata se decían estas palabras:

Gran Dio! Morir sì giovane,
Io che penato ho tanto!
Morir sì presso a tergere
Il mio sì lungo pianto!

El Jefe se desperezó lentamente e hizo crujir los dedos. Recomenzó el interrogatorio:

— ¿Quién es tu contacto en la República Catalana Independiente?

El consiguiente silencio valió al soldado Aguador una primera descarga eléctrica de mil voltios. De su garganta brotó un grito inarticulado, pero ninguna palabra.

— ¡Contesta a la pregunta! —se enfadaba el Jefe—. ¿Quién es tu jodido contacto en la República Catalana Independiente?

Nada.

A una señal del Jefe, el Bruto añadió mil voltios a la nueva descarga eléctrica. El dolor era tan lacerante que lo sentía nacer desde la raíz de los cabellos y extenderse hasta la última de sus terminaciones nerviosas. Pero el soldado Aguador resistía. Y no solamente resistía pese a que gritaba como una marrana a punto de degollar. El soldado Aguador se retiraba: su conciencia se volvía hacia adentro y aplicaba de forma automática y natural la enseñanza aprendida del Agente Especial Asomado. Se aislaba de aquel cuartucho en el que pendía una horripilante foto de Pilar Bardem, cuyos ojos exorbitados le miraban ahora de forma acusadora, como si fuera un periodista de Libertad Digital. Pero no: él no era periodista de ese medio, desaparecido en tierras catalanas debido a la acción brutal de las Comissaries del Bon Pensament. Él era, al parecer, un peligrosísimo traidor militante del MAZP que había tratado de introducir una no menos peligrosísima propaganda antirrepublicana, condensada en ese libro, La Resistencia Anti-ZP.

«Concentraos en algo bonito…». Así lo hizo el soldado Aguador y apareció ante sus ojos la imagen de la Soldado Pere.